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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Vizcaya

30.07.08 -

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A yer se celebró en el Palacio de la Diputación la tradicional recepción del día de San Ignacio. José Luis Bilbao convocó a la sociedad vizcaína y repitió el pacto que suele establecerse en estas citas: vosotros os vestís un poco y me escucháis un discurso que os prometo será breve y yo, a cambio, os pongo unos canapés, unos ganchitos y unas copas. Un año más, la sociedad vizcaína respondió a la invitación. A la sociedad vizcaína, digámoslo todo, nunca ha sido muy complicado sacarle de casa con la excusa de tomar unos pintxos y 15 ó 20 vinos en plan tranquilo.
La cosa prometía y acudieron el lehendakari, políticos, empresarios, deportistas, faranduleros y todos aquellos integrantes del 'Gotha' provinciano que no tienen la suerte de estar de vacaciones. El diputado general comenzó diciendo que la crisis «nos pisa los talones». Después calificó la crisis de «gripe transatlántica» y vaticinó que incluso entre las economías más resistentes habrá estornudos. Añadió que las instituciones vascas se han puesto de acuerdo para «edificar cortafuegos», lo que sin duda es un alivio, aunque uno, que es de natural despistado, no sabe bien de qué sirve un cortafuegos contra una gripe. Se entiende, en cualquier caso, que en la Diputación ayer le daban salida a su 'stock' de lenguaje figurado. Llega agosto y ya se sabe que se trata de un material que resiste mal el calor.
Al igual que hizo el pasado sábado en este periódico, el diputado defendió la inversión pública como remedio contra la desaceleración. Fue el momento en el que utilizó una oración sonora y misteriosa, una especie de letanía yámbica que no me resisto a transcribir: «Proyectos nuevos, tractores de actividad económica, sembrar para recoger». Es una frase magnífica, una rara muestra de poesía al tiempo vanguardista y administrativa. Bilbao habló también del autogobierno y de la capacidad de trabajo de los vizcaínos: dos clásicos. Estuvo torero abrazando a los amenazados por ETA y acordándose de José Luis de Ugarte («Hasta siempre, viejo lobo de mar») y Bernardo Arrizabalaga. Se despidió deseándole al personal unas felices vacaciones. De fondo, comenzaban a oírse sonidos dulces y promisorios: un tintineo de copas y bandejas, un rumor de camareros que se acercan.
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