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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

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28.07.08 -

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E l viejo barrio fabril se convertirá en el nuevo ensanche de Barakaldo: una moderna zona de residencias, edificios emblemáticos y servicios. Sobre el papel siempre perfecto de los planos, lo del nuevo Lutxana será uno de esos milagros urbanísticos que nuestra época suele propiciar: un símbolo de los felices nuevos tiempos. Sin embargo, los vecinos del lugar moderan su entusiasmo. Están a favor de la transformación, pero tampoco les parece como para dar saltos. Debe ser cosa de la lluvia ácida y la democracia liberal, pero hoy el contribuyente es un gallo con espuelas, un morlaco toreado en mil capeas, un sofista que desconfía de la Administración y no deja formulario sin rellenar.
Como el apóstol Tomás, Ana Mari Ortega, veterana residente en Lutxana, afirma que no piensa creerse nada hasta que lo vea con sus propios ojos. Después deja caer que el barrio va a perder su identidad, aunque eso le parece un mal menor. Observen la finta, es maravillosa, al tiempo dialéctica y sentimental. Un vecino de Ana Mari, Periko, protesta porque no se ha contado con la gente del barrio para diseñar el proyecto. Existió el verano del amor y está visto que este es el verano de darle la palabra al prójimo. Se entiende que Periko no quiere decidir mediante referéndum los sistemas de cimentación de los edificios, sino colaborar en el diseño del espíritu del lugar, poner más parques y quitar algunos edificios.
Marta García lo ve todo un poco lejos. Mientras tanto, Lara Quintero se preocupa por el precio que tendrán los nuevos pisos y recuerda ese refrán vagamente shakesperiano que habla del ruido y las nueces. Luego están los comerciantes, que se alegran de que el barrio vaya a recibir mucha gente nueva y, a continuación, se preocupan de lo que eso pueda suponerles. Resumiendo: que sí pero no, que habrá que ver, que cualquiera se fía. Sabedores de que la transformación ya está en marcha, los vecinos intuyen que tampoco ganan nada lanzando las campanas al vuelo. Se trata de una táctica antigua que minimiza los riesgos y garantiza los resultados, una suerte de 'catenaccio' espiritual que siempre se nos ha dado bastante bien en la región.
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