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Vizcaya

plan de mejora en la gestión de las aguas residuales

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Gorliz excava el primer emisario submarino de Vizcaya
El tramo entre la depuradora y el emisario submarino está ya en construcción. / F. GÓMEZ
La cuenca baja del río Butrón culminará en 2010 uno de sus proyectos más largos y complejos: el plan de mejora en la gestión de las aguas residuales de Plentzia, Gorliz y Barrika. Han pasado más de 15 años desde que la Diputación inició el proyecto de construcción de la depuradora de Gorliz y toda la red de colectores que permitieran dirigir hasta ella los vertidos domésticos de estos tres municipios. Hace una década pudo ponerse en marcha el sistema básico de recogida y depuración, pero muchos núcleos quedaron pendientes de engancharse a la red. Desde entonces, estos han ido conectándose paulatinamente. El último, fue el abanico de Plentzia.
Ahora, el Consorcio de Aguas está a punto de cerrar el plan con la construcción de un nuevo emisario submarino que llevará a alta mar las aguas depuradas de los 53.000 vecinos del bajo Butrón. Empezará a construirse a finales de este año y estará terminado dos años después. Costará nueve millones y medio de euros. «Nos planteamos la necesidad de esta obra hace al menos ocho años», explica el director técnico del Consorcio, Daniel Fernández, y los trabajos de ampliación de la playa que se están ejecutando actualmente ofrecían el momento idóneo para acometerlas. «Las aguas salen del EDAR perfectamente depuradas mediante un sistema de rayos ultravioleta que elimina incluso fósforo y nitrógeno, así que la calidad bacteriológica de la playa es muy buena», asegura.
Sin embargo, «no nos importa ponernos cinturón y tirantes y tener todas las precauciones. Los colectores y emisarios están deteriorados por su antigüedad y el punto actual de vertido no es el más adecuado». El desagüe está en el intermareal de la cala de Astondo, un lugar «impropio» porque el conducto asoma a la superficie con bajamar. Además, al encontrarse en la zona de rompiente, «si hay marejada, las olas meten piedras en el túnel». El nuevo emisario corta de raíz ambos problemas.
Consta de dos tramos : uno terrestre -que se está construyendo actualmente en paralelo a la playa- y el submarino, un conducto de poco más de un kilómetro que, después de atravesar la peña que cierra el arenal de Gorliz, se adentra 700 metros en el mar y desagua a 18 metros de profundidad. «Así, garantizamos que si hay temporal, las olas pasen por encima y no dañen la estructura del conducto. Además, salir a esa profundidad implica que cualquier fallo en la depuradora no afecte a la playa», detalla Fernández.
Como un balón hinchado
Y es que el agua dulce que viene de la depuradora pesa menos que la salada, «por lo que sube a la superficie como un balón hinchado y se diluye muy rápidamente», describe. El Consorcio ha aprovechado para curarse en salud y duplicar el emisario con un tramo de emergencia. Calculan que éste sólo entrara en funcionamiento los días de lluvias torrenciales o cuando se realicen labores de mantenimiento en el emisario principal, el 2% de su vida útil. Apenas mide 470 metros y sale a 163 metros del litoral. Sin embargo, al ser más corto, en caso de emergencia es capaz de desaguar con mucha más rapidez que el principal.
Los dos emisarios submarinos arrancan en una cámara de carga pentagonal situada en el vial que bordea la playa de Gorliz. Este pozo, en el que desemboca el emisario terrestre, deriva el agua a uno de los dos conductos subacuáticos mediante dos compuertas de acero inoxidable. Funcionan con un telemando automático para el que se tenderán 1.142 metros de cable de fibra óptica. Si no hay situaciones extraordinarias, la cámara trabaja como un simple desagüe en el que la misma presión con la que llega el agua impulsa el caudal por el emisario. «Esto nos permite prescindir del sistema de bombeo y ahorrar energía», alaba Fernández.
Si se produjera un fallo en las compuertas o llegara una tromba de agua, el depósito dispone de un vertedero adicional que evacúa en el emisario de emergencia. El sistema es tan simple como el de cualquier lavabo en el que una ranura superior impide que se desborde. En el otro extremo, cada emisario culmina con dos soluciones distintas. El principal tiene un tramo de difusores de 18 metros. Son tres tubos de los que parten seis difusores. El efecto es similar al de un teléfono de ducha. «Si saliera un solo chorro, el agua subiría hasta la superficie. En cambio, si lo divides, salen hilos finos que facilitan la disolución del agua en el mar y permiten que la mezcla sea completa en una banda de 10 metros», detalla el director técnico del Consorcio. El tramo de emergencia no tiene difusores. Sólo tiene una clapeta -una válvula de retención- antirretorno para que no entre el agua en el conducto, ya que estará casi siempre inoperativo.
Vigilancia ambiental
El Consorcio acaba de cerrar el estudio de impacto ambiental del proyecto, que deberá obtener el visto bueno del Gobierno vasco. Éste podrá imponer medidas adicionales al programa de vigilancia ambiental que ya contempla el proyecto. «Se trata de controlar que no haya impacto en el medio marino mediante estaciones de análisis en las que observamos la evolución de la flora y la fauna y sacamos muestras de la calidad del agua». De todos modos, «el efluente de la depuradora de Gorliz es el de mayor calidad de todo el entorno. Probablemente el río Butrón cause más problemas que el emisario», concluyen.
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