Hace dos años, cuando cogió la dirección del Tour, Christian Prudhomme reivindicó a Luis Ocaña. El castellano valiente. Pero no por ganar el Tour'73, sino por perder el de 1971. Por retar a Merckx. Por ese paso al frente. Derrotas así ocupan el corazón de la Grande Boucle. «Este Tour ha sido para el que ha atacado», dijo tras la contrarreloj del sábado. Para otro castellano, de tierra firme: Carlos Sastre. Por su despliegue en Alpe d'Huez. Prudhomme le agradeció el valor y algo más: «Ha ganado el ciclismo humano».
El guía del Tour está harto de campeones en falso: del Telekom de la EPO, de la suegra farmacéutica de Rumsas, de la testosterona de Landis o de las mentiras de Rasmussen. Cansado de positivos de la vieja camada, como el de Beltrán y Fofonov, o de última generación, como el de Riccò. De registros policiales. De nomenclatura bioquímica. Prudhomme sonrió ayer al ver vestido de amarillo a Sastre. En once años de ciclista, su currículo tiene más telarañas que victorias -apenas seis-. Pero «humanas». Sastre no será un mito; simplemente, es un ejemplo.
Su triunfo nada tiene que ver con la casualidad. Sastre lleva once años en el oficio ciclista. Y debutó en el equipo Once. Y ha corrido este Tour con el dorsal '11'. Y ayer logró la victoria número once del ciclismo español en la ronda gala. Sólo Francia (36 triunfos) y Bélgica (18) pedalean ya por encima. Pero todo eso es pura coincidencia. Nada de azar. Esa palabra no figura en el lema que colgó en la habitación: 'Ilusión, respeto, sacrificio, sufrimiento'. Sus cuatro ruedas.
Pasó años donando su esfuerzo a Jalabert, a Olano, a Hamilton, a Basso... Y ahora, cuando unos se han ido y otros han caído en el descrédito del dopaje, él gana al fin. Al final del camino. Cuando las arrugas de sus ocho Tours están bien impresas en su piel. Desvestido hasta los huesos por tanto desgaste. «El ciclismo humano», le agradeció Prudhomme. Y le vistió de amarillo. El séptimo español en la cima de París. Otro nombre en la pasarela española, líder en la moda deportiva: Nadal. Contador, Freire, Eurocopa, Alonso, Gasol...
Un campeón terrenal
No hay un vencedor igual. Los siete del Tour son únicos. El primero, Bahamontes, era la España de postguerra. El estraperlo. Chico de reparto sobre un triciclo por las cuestas de Toledo. Un loco maravilloso. El 'lechuga' corrió al fin con cabeza el Tour de 1959: se puso a rueda de Anquetil en la contrarreloj de Nantes, y calcinó a Gaul y Bobet en el brasero del Macizo Central. Su puntilla la dio en el col de la Romeyere, un puerto al que él había hecho famoso: el lugar donde años antes había parado a lamer un helado. «Federico ya no es un loco», dijo en París el toledano. El primero.
El segundo fue igual. Genial. Luis Ocaña. Una biografía a toda pastilla. Estrelló 36 coches. Se dejó un ojo en uno de esos accidentes. Se pegó un tiro para ganarle el sprint al cáncer. En el Tour de 1997 arrodilló a Merckx durante unos días. Y en 1973, lo ganó él. A lo bestia. Como era. Alguien le dijo una vez que la natación fortalecía a los ciclistas. Vale. Se amarró con una cuerda a un árbol y se tiró al río. Así aprendió a nadar. Esa vocación suicida.
El tercer Tour, el de Perico Delgado, es más cercano: de hace veinte años (1988). Otro castellano. Cogió el liderato igual que Sastre: en Alpe d'Huez. Y, como Sastre, con él llegó a París. Induráin era otra cosa. Dicen que su leyenda tiene una pega: no dejó ninguna frase para la historia. Pero sí cinco Tours (1991-1995). Consecutivos. Induráin es navarro. Otro modelo. Y grande: contrarrelojista. La modernidad. Por primera vez un español ganó el Tour a partir de un descenso: el del 19 de julio de 1991, el del Tourmalet. El primero de cinco.
De ahí a la gomina de Pereiro (2006), gallego, políglota. Sonrisa dentífrica. Listo. Sin piernas para ganar el Tour, pero con arrojo de sobra. La edición de hace dos años fue suya por una fuga de media hora y porque a Landis le empujó la testosterona (dio positivo). Y porque el ciclismo sigue siendo una aventura. De valientes. Y de elegidos: Contador (2007). El regreso del ciclismo de meseta. Moreno, de bronce. Flaco, Ágil. Algo de Bahamontes o Delgado en él. Algo de Induráin: ese toque en las contrarrelojs. La combinación perfecta.
Aunque este Tour no ha tenido a Contador, ésta es ya su era. Comenzó en 2007 y continuará el próximo año. Sastre, el séptimo de la lista, le ha puesto nombre a la transición y a la meta de Alpe d'Huez. El Tour de Sastre es el de la nueva derrota de Evans, la sorpresa de Kohl, la velocidad de Cavendish, el maillot verde de Freire, la séptima plaza de Samuel, el 'punch' de Valverde y las eclosiones de Andy Schleck y Kreuziger. Así ha sido el Tour que Sastre ha ganado a su manera: «Humano», dice Prudhomme.