«Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto». Este proverbio chino sirve de perfecto prólogo para la historia de una decepción; la cronología de más de siete meses de negociaciones entre el iurbentia y Marcelo Huertas, saldadas como todo el mundo sabe con la marcha del base brasileño al Fortitudo Bolonia. En el Bilbao Basket a eso se le llama traición. De tal guisa ha quedado el espíritu de la franquicia de La Casilla, ninguneada hasta extremos insospechados por un jugador excepcional en la cancha, extraordinario en el trato en su año como hombre de negro y desconocido tras su marcha del 'botxo'. La última vez que dio la cara se remonta a la cena de fin de temporada del club y pocos días después charlaba con EL CORREO tras regresar de unos días de ocio con su familia en Francia coincidiendo con el fin de semana del Gran Premio de Mónaco de F-1. En todo el proceso ha utilizado la voz de su representante, Miquel Solà, que evidentemente debe ser tomada como la suya propia.
La historia ya nació con un parto atípico. DKV Joventut y Bilbao Basket negociaron en la pasada pretemporada la cesión del jugador, dado que no entraba en los planes de Aíto García Reneses, quien se había decantado por su joven estrella Ricky Rubio y un base triplista como Desmond Mallet, con la cobertura como tercer 'pequeño' del canterano Pau Ribas. El acuerdo careció de estridencias y a ello contribuyó que el iurbentia captara el interés de Huertas por la vía económica. El jugador se embolsaba en su tercer año en la Penya 90.000 euros que el club vasco aumentó hasta los 250.000.
Tanto abono conllevó su 'trasplante', que el representante del base ofertó al Bilbao Basket la posibilidad de rubricar un contrato por dos campañas. El iurbentia hizo saber a la otra parte que los derechos del brasileño, según la ACB aunque fuera con una decisión discutida y en contra de la opinión vertida por el sindicato de jugadores (ABP), seguirían obrando en poder badalonés para un posible tanteo, pese a lo cual se firmó la extensión de la relación.
Mover ficha
Cumplidos los dos primeros meses del campeonato y en vista del acierto alcanzado con el fichaje de Huertas y la buena marcha del equipo, el Bilbao Basket mueve ficha para apuntalar su futuro. Así, en noviembre plantea las renovaciones de tres pilares: Javi Salgado y Marcelo Huertas, más el técnico Txus Vidorreta. La prolongación del de Santutxu como icono 'iurbentino' se establece en quince días. La del técnico de Indautxu, en cinco. La del paulista emuló a aquel Puente de Rontegi, 26 años atrás, cuando era conocido como el más largo del mundo porque no tenía fin, ya que se alzaba a falta del tramo de enlace con los márgenes del cauce del Nervión.
Los primeros peros para renegociar la continuidad de Huertas aludieron a que el base no da paso alguno sin el visto bueno de su padre. Dos meses de si viene o no viene derivan en un impás de espera hasta la disputa de la Copa, en la que sí estaría in situ el cabeza de la familia Huertas. El encuentro se realiza al fin y los inconvenientes se colapsan en el embudo de la duración del contrato, sin olvidar que ya existía uno firmado por un montante a años-luz de las nuevas cifras manejadas. Huertas no da su brazo a torcer y pide sólo una campaña más. Aceptaba una segunda pero con una cláusula de salida. Por sus venas comenzaba a hacerse patente la presencia del genoma baskonista que le había inculcado su íntimo amigo Tiago Splitter, quien para entonces ya le había reconocido a Marcelo que no aceptaría la oferta de los Spurs para recalar en la NBA.
En las conversaciones se le llegó a ofrecer la posibilidad de dar forma a un acuerdo que matara dos pájaros de un tiro. Jugar un año más en Bilbao y recalar a continuación en Vitoria. Las interrupciones constantes en la comunicación abortaron esa hipótesis de trabajo y se mantuvo la de intentar que el paulista siguiera dos años en Bilbao. Por dinero no había problema, ya que el iurbentia le puso sobre la mesa más de un millón de euros netos por esas dos campañas, pero el jugador, en contraprestación, no aceptaba que la posible cláusula de salida del segundo año fuera, a su juicio, demasiado elevada.
Según la abundante información a la que ha tenido acceso EL CORREO, los contactos comenzaron a dilatarse en el tiempo. Concluyó la temporada y la afición reclamó con clamor la continuidad del jugador, emocionado de verdad, como su familia, con unas muestras de admiración, respeto y cariño como nunca había siquiera imaginado sentir en un mundo tan oscilante como el del deporte profesional. Los días siguientes al cierre del campeonato se reanudan las conversaciones y en vista del interés deportivo que conlleva contar cono el mejor base del curso 2007-08 de la ACB, el Bilbao Basket plantea ya abiertamienta la aceptación de la condición del jugador de hablar sólo de un año más de contrato, «para no interferir en su futuro desarrollo deportivo», según planteaban los asesores del brasileño.
Esta situación hizo estar al iurbentia en alerta máxima, dado que podía propiciar su mala posición ante el derecho de tanteo. Presentar una oferta cualificada de más de 700.000 euros brutos por un año o duplicar esa cifra con una opción de dos temporadas significaba la posibilidad real de que la Penya igualara o no la propuesta vizcaína. El acuerdo entre el Bilbao Basket y el jugador era total y sólo faltaba que el paulista, ya en su país, devolviera firmada la oferta cualificada del Bilbao Basket para presentarla ante la ACB. Tras retrasos y recesos aparentemente sin motivo y después de que subiera el tono de la reclamación bilbaína, Huertas rubricó la autorización para que el iurbentia optara a hacerse con sus servicios.
Y llegó la dislocada segunda parte de la historia. Cuatro horas antes del cierre del plazo, el DKV igualó la oferta vizcaína al tiempo que su nombre se hermanaba con el del TAU como posible receptor del jugador. La descabellada posibilidad es arrancada de raíz por la ACB, que dicta su sentencia: el jugador sólo podrá jugar la próxima campaña en el Joventut, iurbentia o en el extranjero. El conjunto badalonés se percata de su enorme pifia, pero no da su brazo a torcer, inicialmente. Se pone en contacto con el Bilbao Basket y trata de rentabilizar su arriesgada maniobra. El precio, 150.000 euros por la cesión. Una locura, ya que además del elevadísimo montante de la operación inicial (más de 700.000 euros) se une que los derechos del jugador seguirían siendo propiedad del Joventut a la conclusión de la siguiente campaña.
Rumbo a Bolonia
El jugador, que ya había amplificado a los cuatro vientos su «deseo» de seguir en Bilbao, pide al iurbentia que desatasque la incómoda situación. La ACB también interviene como agente conciliador para que sus dos clubes se pongan de acuerdo y así una pieza tan importante como el mejor base del campeonato no cambie de liga. La insistencia de todas las partes lleva a un principio de acuerdo. La cesión del jugador queda cifrada en 60.000 euros. El Bilbao Basket le plantea un pago al cincuenta por ciento para que demuestre que «también está decidido en arrimar el hombro para seguir en Bilbao». El jugador primero acepta para posteriormente echarse atrás.
Paralelamente, desde Italia llegó la confirmación de que el Fortitudo Bolonia había llegado a un acuerdo vía precontrato con el jugador al día siguiente de que la Penya igualara la oferta en el derecho de tanteo. El nerviosismo creció en los dos equipos españoles, que para entonces se sabían ya víctimas de no se sabe muy bien qué, pues Marcelo Huertas siempre ha tenido abierta la puerta para negociar con total libertad su marcha a un equipo ajeno a la ACB. Por ello, el Bilbao Basket aceptó unilateralmente la oferta del Joventut y se comprometía a pagar los 60.000 euros por la cesión. Informado de ello el entorno del jugador, la enésima «mentira», según ambas franquicias. Su representante contesta al iurbentia que el DKV le exige un pago de 200.000 euros para dejarle marchar a Bilbao. La directiva badalonesa niega tal extremo y se compromete a firmar la cesión por los citados 60.000 euros con cargo al Bilbao Basket.
Esta misma semana, el representante del jugador mueve ficha con el Barcelona y el TAU. Ofrece los servicios del jugador a ambos equipos, según el iurbentia, de nuevo con el cebo envenenado de que la operación recibiría el visto bueno de la ACB si Joventut y Bilbao dan a su vez el consentimiento por medio de algún acuerdo económico. El Bilbao Basket, ya más que escamado, se niega y concreta con la Penya el anuncio del acuerdo de cesión. Una hora después de hacerlo público, el jugador desvela su compromiso con el Fortitudo, integrante de una liga menos rutilante que la española, por dos temporadas con una tercera opcional y con unas condiciones económicas casi clavadas a las que hubiera encontrado en Bilbao.
¿Qué diría la Federación internacional (FIBA) si obraran en su poder los dos contratos firmados por el jugador? El quiz de la cuestión está en comprobar si el Bilbao Basket, que se considera totalmente ultrajado en este asunto, da los pasos para que se dé dicho supuesto o bien entierra el caso Huertas y a su representante, al que ha declarado oficialmente persona non grata.