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JESÚS ALTUNA ARQUEÓLOGO PREHISTÓRICO JESÚS ALTUNA ARQUEÓLOGO PREHISTÓRICO

Altuna advierte contra el peligro de banalización de los yacimientos vascos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO
27.07.08 -

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«No hagamos parques temáticos alrededor de las cuevas»
Jesús Altuna deja claro que está «jubilado, pero no retirado». / MIKEL FRAILE
Llega en moto, cinco minutos antes de la hora prevista y echa un vistazo a la cafetería del hotel Amara Plaza, en San Sebastián. Tiene 76 años y está claro que, entre sus muchos proyectos, no se encuentra bajar el pistón. Es el sino de Jesús Altuna: siempre va por delante. Aunque se haya pasado más de 50 años indagando sobre los misterios del hombre de las cavernas, nunca se queda atrás. Es una de las grandes figuras de la arqueología prehistórica en España y un enamorado del arte rupestre que se concentra en la cornisa cantábrica.
Por eso, ha pasado más de tres semanas en Alemania: como estaba convencido de que la Unesco terminaría concediendo el título de Patrimonio de la Humanidad a las cuevas de Santimamiñe (Kortezubi), Ekain (Zestoa) y Altxerri (Aia), «tenía ganas de saber cómo se gestionan los bienes culturales en un país donde las cosas se suelen hacer con bastante seriedad». Dicho y hecho: ha recorrido con su mujer, Koro, parte de Alemania en bicicleta (a razón de 50 kilómetros por día) y ha tenido tiempo de sobra «para admirar lo mucho que cuidan el entorno del patrimonio y el interés que ponen en la divulgación, siempre rigurosa y amena».
-Y bien, ¿estamos muy lejos de Alemania?
-En investigación, le puedo asegurar que no. Hoy por hoy, hay mucha relación entre los especialistas. Se participa en proyectos conjuntos; ellos vienen, nosotros vamos... Pero, claro, sí que hay diferencias en las ayudas económicas. Allí, las autoridades tienen más visión. Aquí falta sensibilidad para ver más allá de lo inmediato. Cuesta muchísimo hacer ver que no todo es rentabilidad a corto plazo.
-¿Ni siquiera cuando se les recuerda que la única provincia sin museo arqueológico es Guipúzcoa?
-Ni siquiera. ¡Y pensar que, hace año y medio, parecía que todo se había encauzado! Habíamos escrito un tocho de 140 páginas sobre los contenidos del museo de prehistoria, se había acordado que parte del palacio Lili de Zestoa serviría como sede, se iba a construir un edificio soterrado... Todo eso estaba en marcha. Yo incluso anuncié que, después de 50 años reivindicando un museo, por fin se iba a hacer realidad. Y hasta dije en Zestoa: «Egi verdaderoa izango da!». Es una frase típica de mi pueblo, Berastegi, que significa: «¡Esto es la verdad absoluta!». Y resulta que todo se queda en nada. Vaya jarro de agua fría...
-Quizás, ahora, cambien las tornas.
-Ya, el premio de la Unesco puede despertar muchas expectativas. Eso es innegable. Pero, ojo, no perdamos de vista que estamos hablando de bienes culturales. No se puede pretender ahora montar parques temáticos alrededor, y sacar el máximo rendimiento a costa de lo que sea. ¡No caigamos en la banalización! Y, por supuesto, no dañemos el patrimonio. Eso sería nefasto y, por otra parte, acarrearía la pérdida de la nominación de la Unesco.
-Es decir, que deben cumplirse siempre algunos requisitos.
-Eso es. Este galardón trae consigo unas obligaciones. Por ejemplo, en la ciudad alemana de Dresde tienen previsto construir un puente en el Valle del Elba y la Unesco ya les ha advertido que, como lo hagan, les retiran el título de Patrimonio de la Humanidad. Y, así, hay más casos.
-Tantas cautelas, ¿no acabarán alejando el arte rupestre de la gente?
-No, en absoluto. Al contrario. Este respeto exquisito se apoya precisamente en su condición de bien de toda la Humanidad, de todo el mundo. ¡Lo mismo la partitura de la Novena de Beethoven que la cueva de Altxerri! Ambas son Patrimonio de la Humanidad y se merecen un cuidado primoroso. Por esa razón, su divulgación debe hacerse por medio de réplicas -como la de Ekain- o centros virtuales, como hay en Santimamiñe.
Sin parangón
-Las cuevas se cierran a cal y canto para siempre.
-A estas alturas, nadie pone en duda que las visitas producen un perjuicio muy grande; la entrada continua de público produce una alteración del microclima y un deterioro irreversible.
-Sin olvidarse de las bisagras...
-Ay, sí. No sé cómo se les ocurrió poner aquella puerta en Santimamiñe, en la entrada misma al camarín. ¡Tenía una bisagra justo encima de un bisonte! Cuánto, cuánto desconocimiento.
-El arte rupestre de la cornisa cantábrica siempre ha sido objeto de admiración, por parte de especialistas y profanos. Pero no es el único ejemplo que hay en la Península.
-No, no lo es. También lo hay en Portugal, Cáceres y en Andalucía. Pero, sabe, la densidad y la belleza del arte paleolítico de la cornisa cantábrica son extraordinarias; igual que en Dordoña y al norte del Pirineo. Es algo que no existe en otros lugares. Son obras de arte concebidas por sociedades de un alto nivel cultural. Todavía me acuerdo de la reacción de Chillida cuando le enseñé las pinturas de los caballos de Ekain, al poco de ser descubiertas en 1969.
-¿Qué hizo?
-Se quedó mirando la figura de un caballo, precioso, con un tren delantero perfecto (cabeza y patas). Y al final, me confesó muy serio: «Este hombre sabía un rato largo de pintura». Eduardo captó enseguida que aquel hombre, o mujer, no era ningún aprendiz.
-¿Hombre o mujer?
-Eso he dicho. ¿Por qué no? No podemos partir de ideas preconcebidas mientras no haya pruebas. ¿Por qué tenían que ser necesariamente hombres? Con las huellas de las manos, pasa lo mismo. Las grandes pueden ser varoniles. Pero las pequeñas y medianas, ¿por qué iban a ser de niños? Igual eran de mujeres. O de niñas. ¿Por qué no?
-A propósito de grandes olvidadas, aquí parece que Altxerri se nos queda en segundo plano. Santimamiñe tiene un centro virtual; Ekain inaugurará una réplica (Ekainberri) dentro de dos meses y Altxerri... nada.
-Primero, hay que dejar claro que Altxerri es una gran cueva. Ahora bien, a diferencia de Ekain, tiene figuras muy difíciles de ver. La mayor parte son grabados, así que necesitan luz rasante de un lado y de otro para apreciarlas. No es tan conspicua como Ekain. Por otra parte, los grabados están sobre un mantillo de arcilla y en lugares muy estrechos; es muy fácil rozar involuntariamente la pared y hacer una raya sobre una figura. Eso sí, tanto de Altxerri como del resto de arte paleolítico del País Vasco se informará detalladamente en la sala, con vitrinas y cuatro ordenadores, que acompañará a la réplica de Ekain.
-¿No se quedará ninguna en el tintero?
-No, aparte de las dos cuevas de Guipúzcoa (Ekain y Altxerri), se mostrarán las de Vizcaya (Santimamiñe, Venta Laperra, Arezana, El Rincón); una del norte de Navarra (Alkerdi); otra de la Baja Navarra (Isturitz); y otra tres, humildes, que se encuentran en Zuberoa. Además, se dará noticia de la cueva de Praileaitz (Deba), que desde el punto de vista del arte rupestre tiene muy poquito, sólo unos puntos y unas rayas, pero, bueno, esos puntos y esas rayas también estarán presentes.
Restos vegetales
-Usted no para. Ahora resulta que, 33 años más tarde, vuelve a excavar en Ekain.
-Sí, la verdad es que me hace ilusión. Con las nuevas técnicas podremos averiguar más cosas. Antes no se recogían los restos vegetales, sólo los pólenes, porque era muy difícil. Y ahora, en cambio, sí que podemos estudiar al hombre primitivo (o mejor dicho, a la mujer primitiva) como recolector de frutos silvestres, raíces tiernas y bulbos. ¡No olvidemos que no sólo se dedicaban a cazar! Ya ve, poco a poco, vamos ampliando nuestro conocimiento sobre aquellas gentes.
-¿Qué les llevaría a pintar?
-Ah, ésa es la gran pregunta. Hay muchas teorías... Lo único claro es el talento increíble de algunos de ellos. Delante de una roca y con una antorcha, eran capaces de ver un sinfín de figuras. La pared les hablaba, los animales les salían al paso y ellos los completaban. Aquí, un ojo; allí, un par de plumas; más allá, el torso de un bisonte... ¡El hombre ya tenía la capacidad de ilusionarse y de soñar! Eso es lo único que tenemos claro. En cuanto a sus motivaciones más profundas, qué le puedo decir, eso es un misterio.
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