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El palestino al que soldados israelíes tirotearon cuando estaba maniatado y con los ojos vendados dice que jugaban con su vida
26.07.08 -

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Ashraf Abú Rahma no supo a ciencia cierta qué habían hecho con él los soldados israelíes aquel 7 de julio hasta que, el pasado domingo, vio en el canal árabe Al-Jasira el vídeo que recogía cómo un militar le disparaba en el pie a menos de dos metros, mientras un alto mando le sujetaba por el brazo.
Cuando recibió el tiro, Ashraf llevaba tres horas de aturdimiento a pleno sol, maniatado y con los ojos vendados. De su angustia a ciegas sólo recuerda que el que le agarraba fue quien dio la orden - «¡dispárale, dispárale, ya!» decía»- y que luego estuvo «minutos» retorciéndose de dolor en el suelo, sin saber dónde estaba... A su lado, evoca, como en una pesadilla «las risas de los soldados», que se burlaban de sus llantos advirtiéndole, en árabe, que «podía haber sido mucho peor».
El joven palestino admite que estuvo a punto de volverse «loco de humillación» cuando se reconoció en aquellas imágenes, expuesto como un perro para que el tirador no fallara en el blanco. Pero reconoce que, de no haber existido esa cinta, «nunca hubiera podido contar qué pasó». Ni, probablemente, los millones de personas que se han estremecido viéndola en todo el mundo, dentro y fuera de Israel, habrían despertado a la crueldad de las agresiones que los palestinos sufren de forma rutinaria a manos del Ejército hebreo y los colonos.
Unas agresiones que exceden en brutalidad al disparo cobarde con una bala de acero recubierta de goma a un maniatado, para adentrarse en el terreno de palizas, torturas, ultrajes y hasta «asesinatos extrajudiciales» a sangre fría. En Gaza y Cisjordania, 373 en 2007, de los que 131 correspondieron a civiles no involucrados en hostilidades, según documenta la organización pro derechos humanos Betselem, que meses atrás distribuyó entre familias palestinas un centenar de videocámaras para poder obtener pruebas de violaciones como a la que fue sometido Ashraf, que va mucho más allá de lo filmado.
La grabación no llegó al momento en que este joven de 27 años, trabajador y, desde 2004, «activista de la resistencia pacífica contra la ocupación», fue «retenido y pateado junto a otras 40 personas». «Éramos palestinos, israelíes y extranjeros que sólo íbamos en marcha a la vecina Na'alin para entregar comida, porque Israel había sellado el pueblo cuatro días atrás... pero nos rodearon, nos callaron y nos golpearon con palos», precisa. A Ashraf se lo llevaron en un jeep, donde fue vapuleado «con insultos sexuales sobre mi madre y que iban a acostarse con mi hermana», narra, avergonzado de haber sido víctima de semejante vejación, tan propia del más rancio poder colonial.
«Ocurre todos los días»
«Ahora todos se sorprenden, pero esto ocurre aquí todos los días», aporta Ahmed Yassin, el alcalde de Bi'lin, la aldea de Ashraf y símbolo legendario de las manifestaciones no violentas contra el muro, que estrangula a sus 1.800 habitantes. Están cansados de la represión, también de la impunidad.
Sin vídeos de por medio -admitidos en Israel como prueba ante un juez- el testimonio de un palestino no vale un céntimo. Esta vez, el Ejército ha tenido que escenificar una investigación: arrestó dos días al soldado que disparó, y aunque defendió que sólo cumplía órdenes de su jefe -teniente coronel Omri, el que agarraba a Ashraf- al mando, ha sido absuelto por una prueba poligráfica .
Pero Ashraf no irá a los tribunales. «No voy a intentarlo, no tengo futuro». Eso sí, regresará a las protestas «apenas pueda caminar bien». ¿Protestas pacíficas? «No es la primera vez que nos pegan», reflexiona, dudando y encogiéndose de hombros. «Pero por una vez más, no voy a cambiar mi estrategia. La violencia no es el camino», concluye.
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