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La máquina funcionó engrasada a la perfección y los músicos consiguieron transmitir su entusiamo a los 1.800 aficionados reunidos
26.07.08 -

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Chick Corea y los suyos protagonizan una hipnotizante velada de jazz de fusión
Chick Corea, al frente de sus sofisticados teclados. / AFP
Como 'Return to Forever' se define el conocido experimento que protagonizan desde hace décadas el eminente pianista Chick Corea y sus igualmente brillantes colegas Stanley Clarke (al bajo), Al Di Meola (en la guitarra) y el batería Lenny White. Se le puede llamar fusión a lo que hacen, cruce entre jazz y rock o algo similar. Es en todo caso una vibrante manera de entender la vieja herencia sonora del género negro, pasada por sonoridades posteriores.
La 'máquina' funcionó engrasada a la perfección. Con esos síncopes melódicos que dan al grupo un aire de improvisación, aunque se sepa que el repertorio es disciplinadamente igual en cada recital.
De acuerdo en que el gran Corea se debe llevar las alabanzas mayores, se lo merece por su peculiar manera de doblegar las teclas y crear una mística intensa que arrebata a la audiencia. Y por marcar el terreno general por donde transitó la hipnotizante sesión. Pero hay un gran equilibrio de calidades en el seno del combo, un reparto bastante democrático de tareas y aciertos.
Ahí está la luminosidad de la guitarra de Al Di Meola, de dedos rápidos cual rayos, nerviosamente virtuosos. O ese aparentemente reposado control del ritmo del bajista Stanley Clarke. Y Lenny White dando sus propias respuestas desde la batería; precisas, milimetradas.
Los creadores de 'Hymn of the Seventh Galaxy' o 'Duel of the Jester and the Tyrant' conservan bastante intacta su acumulada reputación de grandes innovadores de la música popular; capaces, ya en la madurez, de entusiasmarse con sus instrumentos y de transmitir ese entusiasmo los 1.800 aficionados que parecieron vibrar encantados con su música.
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