Ni siquiera los penaltis tuvieron emoción. Después de noventa minutos de sopor y escaso fútbol, con el empate a uno en el marcador, el Athletic y el FAR se jugaron en Casablanca el pase a la final del Morocco Summer Cup desde los once metros. Pues bien, los rojiblancos ametrallaron al meta Tarik y se impusieron por un contundente 4-1 sin dar opción a su rival. El conjunto marroquí lo falló prácticamente todo, hasta tres lanzamientos, mientras que David López, Gurpegui, Muñoz y Ocio exhibieron una puntería inmejorable. Los leones ya disfrutan de su condición de finalistas.
Sabía el Athletic que tenía en frente un carro de combate acorazado. Guerrilleros vestidos de futbolistas. Duros y con un correcto trato de balón, quizás algo anárquicos en la concepción de juego, suplían sus lagunas técnicas con piernas y corazón. El conjunto marroquí, campeón de liga de su país, miró al tablero y escogió las figuras blancas. Quería llevar la iniciativa. Mover ficha y atacar. El FAR tenía claro que debía asfixiar a los hombres de Caparrós, apretarles hasta abrir hueco en el blindaje defensivo de los bilbaínos para perforar el escudo protector de los bilbaínos. Los rojiblancos apenas pasaron apuros, tranquilos y con las pulsaciones controladas, aunque no pudieron esquivar la bofetada que llegó poco antes del descanso. La mejilla se volvió roja, dolorida, pero Llorente devolvió el golpe pocos minutos después. Dos chispazos que iluminaron una tarde mediocre.
Joaquín Caparrós optó por sacar un 'once' de garantías. Artillería pesada para reventar el tanque marroquí. Colocó a Llorente como único delantero y por detrás acomodó a Yeste, encargado de enlazar con el punta riojano y de ofrecerse como referencia en los momentos de apagón. El de Basauri no tuvo su mejor tarde, aunque no escatimó en esfuerzo. El centro de las operaciones rojiblancas fue para la inédita pareja Iturraspe-Javi Martínez, emplazada a 'cocinar' el fútbol del Athletic en el césped del Mohamed V, y, al mismo tiempo, cortocircuitar los conductos ofensivos del FAR. La inclusión del canterano en la formación inicial demuestra a las claras que el preparador sevillano pretende pulir a su 'diamante' hasta sacarle el máximo brillo posible.
Tanto el Athletic como el FAR se dedicaron un buen rato al estudio. Calibrar el potencial del oponente para trazar el camino hacia el área rival. Lo cierto es que el balón estaba en las botas rojiblancas, aunque faltaba precisión en los pases y una mayor verticalidad para poner en peligro la meta defendida por Tarik. Tanto Susaeta como Gabilondo se mostraron muy activos a lo largo de la primera parte, trabajando bien las bandas, probando a los laterales contrarios, pero el remate era un bien escaso. Llorente negociaba con la soledad y, además, se desesperaba con los defensores marroquíes. Literalmente, se le subieron a la chepa más de una vez para pararle. Todo valía con tal de frenar al gigantón riojano.
A falta de buen fútbol, que sólo asomaba de vez en cuando, tocaba quedarse con los detalles. En primer lugar, el estadio Mohamed V era un solar. Sería injusto decir que no acudió nadie, pero casi. Menos de un millar de aficionados animó a los dos equipos y un pequeño grupo aportó ruido. Había más gargantas y colorido en Lepe. En el césped, por su parte, era interesante la lucha que mantenía Ocio con el delantero Allaoui. Se dieron hasta en el carné de identidad, con ganas y sin disimulo, una pelea que el vitoriano ganó por puntos.
Cinco cambios
El partido avanzaba con dificultad en un terreno pantanoso hasta que llegaron los goles. Un poco de emoción para los ojos somnolientos. El primero en golpear fue el FAR. Allaui se deshizo de Ustaritz en el pico del área y sirvió un pase de la muerte al segundo palo para que Kaddioui marcara a placer. De nuevo, el Athletic se veía por detrás en el marcador, al igual que contra el Ayamonte, pero la reacción no tardó en llegar. Al filo del descanso, Llorente empaló un bonito centro de Casas para nivelar la contienda. Empate a uno y a los vestuarios.
Caparrós echó mano de la coctelera y cambió los cromos en la reanudación, hasta un total de cinco. Entregó el bastón de mando a Gurpegui y Muñoz en la sala de máquinas, colocó a Del Olmo y David López en las bandas y quitó a Yeste para dar minutos a Toquero. La transfusión de frescura tampoco logró regenerar el tejido rojiblanco. El Athletic apretó más, achuchó e intimidó, pero no llegó a fabricar claras ocasiones de gol. ¿Y el enemigo? Desaparecido en combate. Renunció a la creación, si alguna vez la hubo, y se abonó a la contra. Ni por esas. El marcador ya no se movió y hubo que ir a los penaltis. A la lotería. La sangre fría. La suerte cayó del lado del Athletic, muy acertado, que el viernes jugará la final de la Morocco Summer Cup contra el ganador del Udinese-Paços de Ferreira.