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Cultura

San Sebastián, Jazzaldia

La ciudad de San Sebastián vive desde ayer entregada a un festival que ha tomado sus calles y que ofreció en su primera noche las actuaciones de Jarret y Winter

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Poseídos por el jazz
La Amama Luisa Brass Band animó ayer las calles de San Sebastián, en el inicio del festival. / JOSÉ MARI LÓPEZ
San Miles Davis, que está por allá arriba, volvió a recordar la fecha que tiene marcada en rojo en su calendario celestial y pidió a los responsables del firmamento que regalaran al Heineken Jazzaldia otro inicio luminosamente estival. Y así fue, una espléndida tarde estival que ni pedida de encargo. Dicen las previsiones que el sol seguirá luciendo hoy, que mañana la cosa estará más emborronada (a ver si respeta el dueto entre Bobby McFerrin y el Orfeón) y que de cara al fin de semana no habrá demasiado riesgo de agua. Que así sea.
Se lo merece ese gentío que ayer volvió a reventar la esquina que conforman las traseras del Kursaal y las primeras arenas de la playa de Gros. Se lo merece el animoso equipo que programa este fiestón. Y la propia ciudad.
La edición 43ª se estrenó a multitud puesta, con un ambiente envidiable de encuentro social, de disfrute veraniego y de atracón musical. La Jazz Band Ball del chupinazo programó hasta nueve diferentes propuestas diferenciadas, anticipo total de estos seis intensos días de conciertos que convertirán a esta ciudad en capital de la música.
Y para contraste de ambientes, estilos y hasta de actitudes, este año el ruidoso Band Ball coincidía con la recatada y exquisita presencia de míster Keith Jarret y sus dos colegas del influyente trío en el cercano auditorio del Kursaal. No se puede pedir más pluralismo.
Charleston futurista
Porque la animosa Amama Luisa Brass Band es eso: una agrupación que da la brasa en el mejor sentido del término: dixie y sonidos hermanos de impronta directamente callejera y festiva, que conocen ya de sobra los aficionados. Se acercaron entre la masa y se subieron al tablado de la terraza mayor, como invitando al baile al mismísimo astro rey y al amigo Neptuno.
En sincronía de horarios, arrancaba en la carpa de la terraza menor la primera de las actuaciones 'serias' de la zona, con Organik's, cuarteto de la tierra que hace música muy controlada y un tanto ortodoxa y que volvía al lugar del crimen, porque pasaó por esa misma carpa el año pasado.
Sorpresa y novedad parecería después en el gran escenario de la playa la cuadrilla gala de Hugues, Aurélien, Arnaud, Charles, Camille, Antoine y Cyrille, que forman Caravan Palace. Canción, jazz al clarinete, DJ y mucha marcha. Algunos lo llaman 'charleston futurista'. Casi nada. En todo caso, divertidos. Arriba, en la explanada, recogía el testigo de los dixie la muy empacada big band Barcelona Jazz Orchestra, dirigida por el ya bastante mayor Frank Wess. El momento elegante de la tarde, echada ya casi la noche.
A la playa otra vez, para la fiesta afro de los amigos Richard Bona (Camerún), Lokua Kanza (Congo) y Gerald Toto (Caribe francés). A su rollo, por libre, como debe ser. Y más en ese espacio. Cuando ya marchaba este papel hacia la rotativa hacía sus diabluras guitarreras Marc Ribot, y esperaban turno tardío la cantante Pyeng Threadgill y quinteto, los también franceses Hocus Pocus y los locales Dynamic Trio. Como colofón, en el Teatro Victoria Eugenia bluseó el abuelo Johnny Winters. Y queda para rato.
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