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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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22.07.08 -

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N o ha tenido mucha suerte el viejo 'Boreas'. Su nombre alude al dios griego del viento del Norte y nos trae a la memoria la fragata de 28 cañones que Nelson capitaneó en las Indias Occidentales. Pensamos en ello cada vez que lo vemos atracado en el muelle de Deusto, frente a Sarriko, solitario y fantasmal como un caserón en ruinas, vencido y silencioso, librando una desigual batalla contra el óxido, también contra el olvido.
Por lo que se ve, los últimos propietarios del carguero chipriota pertenecían a una banda de narcotraficantes. Cuando el grupo cayó, el barco quedó abandonado a su suerte en el puerto de Bilbao. Tras cinco años de espera, la Autoridad Portuaria estaba loca por deshacerse de él. Ahora, tras recibir los consiguientes permisos judiciales, van a hacerlo sacándolo a subasta. No esperan obtener mucho dinero, ya que la nave está demasiado deteriorada para volver a navegar. El destino que le aguarda no es muy glorioso: convertirse en una montaña de chatarra.
Habrá que ir a despedirse del 'Boreas' como quien va al hospital a desearle suerte a un amigo que tiene mal color. Decía Conrad que el amor que los hombres sentimos por los barcos es especialmente noble, ya que excluye la idea de posesión. Desde luego, nadie en su sano juicio desearía hacerse con el maltrecho 'Boreas', pero mirando su casco herrumbroso es difícil no fantasear con los mares que habrá conocido y las gentes que lo habrán gobernado. De nuevo, la magia infalible de los barcos: esos objetos que encierran en sus entrañas la promesa de la aventura y funcionan como majestuosos embajadores de todos los lugares en los que nunca estaremos.
Suele repetirse que cada hombre lleva dentro una novela. Si eso es cierto, cada barco debe llevar dos, o al menos una buena. Por lo poco que sabemos, la historia del 'Boreas' ha transcurrido entre la chatarra y el contrabando. Suena bien: triste, delictivo, humilde, barojiano. Lo que parece seguro es que el viejo carguero ha encontrado en Bilbao su último amarre. El viaje ha terminado para él. A su alrededor, las gaviotas del puerto están graznando un réquiem.
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