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Sociedad

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Rita Rogerio, inmigrante brasileña afincada en Bilbao desde 1995, ha sufrido serias dificultades para encontrar un trabajo por ser extranjera
20.07.08 -

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«La crisis acentuará la exclusión»
Rita habla por el móvil en un parque. / PEDRO URRESTI
Es duro hablar con Rita. Pero más crudo es para ella recordar. Echar la vista hacia atrás significa volver a las humillaciones, abusos e injusticias sufridas por el mero hecho de haber nacido en tierra lejana y extraña. Rita Rogerio es brasileña. Y además mujer, con 45 años y 3 hijas. Por todo eso está en el paro. Cuando le hablan de políticas de integración, se le revuelve la sangre. «Hay tanto que matizar...», se duele.
Rita era agente de viajes cuando aterrizó en Bilbao en 1995 para incorporarse a una operadora de turismo. «Ya conocía el País Vasco, pero la imagen que teníamos en Brasil era de ametralladoras y bombas en la calle. Los prejuicios son universales», reflexiona. Tras unos primeros años en Euskadi plagados de dificultades en las que Rita no quiere ahondar, se dio de frente con un racismo latente a la hora de buscar un nuevo trabajo. Eso, a pesar de que es titulada en Magisterio y Pedagogía en Brasil. Habla correctamente inglés, francés, español y portugués.
Pero su acento le delata. «Cuando llamaba por teléfono para un trabajo y decía que era brasileña, caían bromas pesadas y obscenas. Incluso en algunas tiendas me han llegado a decir que no vendían a prostitutas sin dejarme ni probar la ropa» recuerda. Y las cosas han empeorado en los últimos años. Ahora directamente le cuelgan el teléfono al detectar su deje o le ofrecen trabajos en condiciones infrahumanas. «Ni siquiera miran el currículum». Y ante esto quiere rebelarse, luchar por la integración, aunque ella misma sabe que es un proceso largo y complicado.
Y la actual situación de recesión económica no ayuda. «Es mala para todos, pero nosotros nos vemos aún más perjudicados». Rita es testigo de que algo va cada vez peor desde que la sombra de la crisis acecha la economía familiar. «Va poner las cosas más difíciles. La incomprensión puede ser total y puede hacer que veamos cómo crece el racismo y la exclusión social», lamenta.
'Efecto llamada'
Rita discrepa de las actuales políticas de integración. «No se trata de repartir papeles a troche y moche». Ella apuesta por la educación como punto de partida para el crisol de culturas. «El Gobierno debería dar a los inmigrantes formación para que aprendan el idioma, las costumbres, historia, la legislación y las posibilidades reales que les brinda el nuevo país», expone. Considera que tanto los recién llegados como los nativos deben esforzarse en comprender y respetarse. «Tenemos mucho que aportar».
Cree que las personas que llegan buscando una mejor calidad de vida tienen el deber de informarse, preguntar, hablar con la gente del lugar, exponer sus problemas y miedos. «Les puede salvar de la marginación, del escudo protector de los guetos». Pero la mayor culpa la achaca a los mandatarios. «El 'efecto llamada' es un error. Sólo causa una recepción masiva, sin ninguna política social que ayude realmente», critica.
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