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Mejor futuro para la ciudad de Dios

Un ambicioso proyecto urbanístico prevé recuperar las favelas más degradadas
20.07.08 -

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Hospitales, escuelas, parques, clubes con piscina, calles más anchas, un teleférico con seis estaciones. Es el sueño de toda una vida para los habitantes de las principales favelas (grupos de chabolas) de la ciudad brasileña de Río de Janeiro, que comienza a hacerse realidad. Algunos no se lo creen. Es mucho más de lo que esperaban, dicen.
Las favelas -la ciudad de Dios-, los barrios pobres más populosos de América Latina, treparon en desorden por las laderas de los morros (cerros) hasta formar tribunas que miran al Río formal. Acostumbrada a ese público que nunca abandona la sala, la bella urbe desplegada frente al mar parece ignorar todo lo que sucede allí arriba. «Antes el Gobierno hacía lo mínimo por las favelas porque no las veía como parte de la ciudad. Ahora, con los nuevos planes a esta escala, los asentamientos cambiarán de signo negativo a positivo», aseguró el arquitecto Jorge Jáuregui, director del estudio Favela Barrio, que trabaja en proyectos de urbanismo social.
La organización se dedica a mejorar las favelas para transformarlas en barrios y para eso empieza por escuchar a las propias comunidades, para que manifiesten sus necesidades. «El déficit no es habitacional sino de ciudad», resume Jáuregui. Su labor consiste en hablar con la gente, caminar por la zona, planificar y volver para recoger una vez más las impresiones de sus moradores. «En la audiencia pública de presentación del proyecto, algunos decían que era demasiado, que sería bueno si sólo hiciéramos una parte. Pero es que vamos más allá de lo que la gente sueña», señala.
El plan se inicia por las barriadas más grandes de Río: Rocinha, Manguinhos y Alemao, donde viven unas 600.000 personas. Se realizará con fondos del Programa de Aceleración del Crecimiento que lanzó el presidente Luis Inacio Lula da Silva al comenzar su segundo mandato. Hacer realidad este sueño costará 514 millones de dólares (325 millones de euros) y dará empleo a 20.000 residentes en las favelas. Para finales de 2010 estará terminado y seguramente ya habrán empezado los trabajos en otras zonas más pequeñas que esperan turno.
Favela Barrio realizó buena parte de los proyectos que harán realidad las constructoras. Las inversiones incluyen saneamientos básicos, mejoras en los accesos, edificios públicos, transporte, esparcimiento y arreglo de viviendas. «Las obras son una victoria para Río pues van a cambiar el perfil de estas comunidades que esperan mejoras desde hace décadas», declara el subsecretario de Obras, Hudson Braga. «Hoy hay calles por donde no pasa ni una motocicleta y necesitamos garantizar que sean accesibles para una ambulancia», explica.
Clase media baja y crimen
Asociadas casi siempre con el crimen organizado, las favelas son en verdad ciudades donde viven decenas de miles de personas, en su mayoría de clase media baja, con empleo en la ciudad formal. No es que el comercio de drogas y la violencia no existan, pero la magnitud del problema es menor de lo que se cree. Las viviendas son sencillas pero firmes. Hay calles, comercios, bancos, estudios profesionales, locales de la cadena McDonald's. Existen edificios de hasta trece pisos. También cuenta con servicios de saneamiento, agua potable, electricidad, Internet y recogida de basuras. Pero todo funciona en precario y hay que mejorarlo.
En Rocinha se levantará una pasarela sobre una autopista, diseñada por el famoso arquitecto Oscar Niemeyer, que cedió gratis su idea. El puente unirá la favela con una terminal ferroviaria, y un centro comunitario y deportivo con canchas y piscinas. En Alemao, donde viven unas 200.000 personas, la columna vertebral del proyecto es un teleférico igual al de la colombiana Medellín. Hoy los accesos son apenas transitables pero a medida que se asciende los caminos devienen en escaleras o pasadizos. «Hay gente mayor que vive a doscientos metros de altura y baja una vez al mes con mucha dificultad», relata Jáuregui.
El teleférico partirá de la estación de tren Bonsuceso, en la base del complejo, y podrá trasladar hasta 30.000 personas al día en viajes de 18 minutos. «Es limpio, silencioso y mucho más económico que abrir calles. Se construirán seis estaciones, y cada una tendrá un pequeño centro urbano con oficinas públicas de todos los ministerios», reitera el impulsor del proyecto.
Pero además se levantará un centro cívico con un club, ambulatorio, hospital psiquiátrico, guardería y centros docentes. Todo eso se hará en un área de Alemao que hoy es marginal, pero que una vez finalizado el proyecto funcionará como un cordón umbilical con una ciudad que mira para otro lado.
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