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Cultura

20.07.08 -

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Debate localista y desabrido
Edificio principal de las colonias de la BBK en Sukarrieta, lugar elegido por la Diputación de Vizcaya para el nuevo museo. / EL CORREO
Un proyecto tan importante como el del Guggenheim-Urdaibai se merece algo más que la disyuntiva de un debate localista y desabrido sobre su ubicación o un falaz entusiasmo de fieles descamisados sin cifras ni proyecciones. Se merece, entre otras cosas, un discurso consistente sobre la oportunidad del proyecto, un estudio riguroso sobre sus visitantes potenciales, un análisis preciso sobre la complementariedad expositiva en relación con la sede de Bilbao y un cálculo exacto sobre su estructura de financiación.
Un tema, este último, sobre el que tendría que haberse pronunciado cuanto antes el departamento de Cultura del Gobierno vasco, ya que el nuevo museo obligará a una ampliación significativa del gasto corriente, con el consiguiente aumento de las aportaciones anuales realizadas por los socios institucionales del Guggenheim Bilbao.
Además, no sería cosa fútil un cierto encaje del proyecto con un modelo global de oferta cultural y museística en Vizcaya y en el País Vasco que precisa de una urgente definición. Una reflexión en la línea del documento 'Bilbao-Ciudad de Museos', propiciada por Alberto Pradera, cuyo oriente no es otro que el de potenciar y aprovechar de forma coordinada y con algunos nuevos museos la estrategia que se inició con el Guggenheim en los años 90. Algo que ya ha previsto el Ayuntamiento de Bilbao con una reserva de terrenos en Zorrozaurre. En todo caso, se trata de no hacer política cultural de forma populista y congoleña, sin datos ni proyecciones, sino de presentar un buen proyecto con rigor y fundamentación.
PATROCINIO
¿Crisis inminente?
Está por ver el efecto de la crisis económica sobre el patrocinio cultural. Hay que esperar a septiembre, tal vez a octubre, para conocer la verdadera dimensión del recorte en los beneficios empresariales. De ello dependerá el presupuesto de las empresas destinado al patrocinio el año que viene. El Guggenheim, la ABAO, el Artium, El Museo de Bellas Artes de Bilbao y el Festival de Jazz de Vitoria o el Jazzaldia son sólo algunos ejemplos de instituciones o eventos que alcanzan un significativo nivel de autofinanciación gracias a las aportaciones empresariales. Unas aportaciones, por cierto, que no se benefician de una regulación jurídica eficiente o de un tratamiento fiscal acompasado a los tiempos actuales.
Téngase en cuenta que la legislación vasca sobre las fundaciones y el mecenazgo es de tiempos del lehendakari Ardanza, lo cual nos sitúa con un cierto retraso en relación con el Estado, donde la ley es más moderna y encima tiene mejores incentivos fiscales. Como ya es habitual, la consejera de Cultura está en otros temas, aunque su inmarcesible Plan Vasco de la Cultura lleve ya dos años de retraso en su compromiso de revisar la ley. Y el caso es que algo habrá que hacer, antes de que vengan los recortes o las reestructuraciones en las estrategias de patrocinio. Reestructuraciones complejas e inexplicables, como la de la BBK, que cierra sus aulas de Cultura en Bilbao y anuncia el fin de su subvención a la ABAO, para concentrarse en la Alhondiga. Menos mal que La Caixa puede estar al quite. Y también a la mejor definición de lo que debe ser el patrocinio, sí.
SECTOR EDITORIAL
Amenaza digital
Ni el pirateo de libros en la red es una broma, ni tampoco el avance del libro digital debería considerarse una ficción. En otras palabras, nuestra primera industria cultural, es decir, el sector editorial, corre el riesgo de una profunda crisis derivada tanto de los efectos ocasionados por el pirateo, como de los oscuros presagios que de vez en cuando se ciernen sobre la vigencia del libro físico.
Se trata de un problema generalizado en todo Occidente, especialmente patente en los países con sectores editoriales fuertes. Como en el caso de Francia, donde se acaba de hacer público un informe encargado por la ministra de Cultura con el objeto de plantear medidas en apoyo del sector editorial. Según ese estudio, el continuo proceso de «desmaterialización» del libro puede adoptar cualquier instrumento tecnológico. Un proceso, además, en el que de igual manera a lo sucedido con la música y el cine se puede producir la entrada de agentes o actores ajenos a la cadena tradicional de la creación, la producción y la distribución del libro.
Ante ello, el informe propone diferentes medidas. La primera consiste en promover una oferta legal y atractiva para el libro digital, con el fin de anular y evitar el pirateo. También es necesario defender la propiedad intelectual, ya que debe de ser la clave esencial de la edición. Igualmente, resulta obligado que los autores y editores tengan un papel central en la fijación de los precios del libro digital. Y finalmente, claro, sería importante lograr un tipo de IVA reducido para el conjunto de los bienes culturales digitales.
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