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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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19.07.08 -

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N eruda los llamó emperadores sin orbe y Baudelaire vio sus lomos llenos de chispas mágicas. Los gatos se han llevado siempre bien con los escritores. La gata de Marco Aurelio se llamaba 'Nieve' y el de Guillermo de Aquitania 'Pastelito'. Borges tuvo a 'Beppo', Mark Twain a 'Belzebub' y Wells al 'Señor Peter Wells'.
Todos fueron felinos de orden. Su vida fue doméstica y respetuosa de las leyes. No todos tienen tanta suerte y hay gatos sin dueño que deslizan su misterio por los callejones. Tradicionalmente, estos pequeños corsarios se han buscado la vida a su manera, sin pedir ayuda, moviéndose con clase por los bajos fondos. Recordemos, por ejemplo, a Don Gato, con su chaleco violeta y su clan de bribones neoyorquinos.
Lo malo es que los gatos callejeros pueden formar grandes colonias y convertirse en un problema de salud pública. Está ocurriendo en Zaramillo. Siempre ha habido gatos en la zona, pero la disminución de tráfico provocada por la apertura del corredor del Cadagua y la costumbre de algunas personas de dejarles comida está convirtiendo la situación en preocupante. Los vecinos se quejan de la suciedad y de las pulgas. Previendo que la población gatuna pueda tomar el poder, el Ayutamiento de Güeñes no va a permitir que se les siga alimentando. La sanción por hacerlo puede llegar hasta los 1.500 euros.
Es un sinsentido que a un ejército de gatos callejeros se le acostumbre a recibir tres comidas diarias. También es un modo de humillarles, de mitigar su orgulloso instinto y convertirles en algo parecido a esos artistas presuntamente insobornables que nunca perdonan una subvención. Parece que los gatos de Zaramillo tienen digestiones tan pesadas que ya no cumplen con una de sus funciones atávicas: la caza de ratas. Por lo que se ve, los ecosistemas no siempre son desequilibrados por la maldad humana: también nuestra bondad es un desastre. Al menos, la bondad mal entendida. Nuestra época es extraña y a veces tenemos la sensación de que hay gente que ama tantísimo a los animales porque los confunde con peluches.
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