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Economía

16.07.08 -

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La entrada de Martinsa-Fadesa en el concurso de acreedores eleva varios grados la temperatura de la crisis. Afecta a una empresa de tamaño muy relevante, con lo que batimos el récord de tan triste figura, y abre las carnes de un sector como el inmobiliario que, tras haber disfrutado de los momentos más excelsos de su historia, paga ahora las terribles consecuencias de sus muchos excesos. La caída de Martinsa extenderá sus efectos por todo el sistema, agrandando la lista de los damnificados. Primero sus propios empleados, muchos de los cuales perderán su empleo y, todos, una parte de sus derechos. Luego, los accionistas que ven cómo sus ahorros se volatilizan. Más tarde, al resto de las inmobiliarias, sobre las que planea la sombra de la duda, a las constructoras 'vecinas' y, para terminar, a los bancos, que pierden valor en Bolsa por todos los costados. Las Cajas, como no cotizan, se ahorran el sofocón.
La lista no termina ahí. Los proveedores tendrán problemas para cobrar los suministros entregados y acabarán provocando incrementos de la morosidad en el sector e impulsarán nuevas actuaciones de las leyes concursales. Total, un desastre completo.
Es difícil encontrar las razones que justifican la compra de Fadesa de manera tan apalancada y en unos momentos tan tardíos del ciclo, cuando todo el mundo descontaba ya un parón de envergadura en el sector. Como no podemos acudir al desconocimiento técnico, debemos indagar en la psicología de los actores de la trama. Pocas cosas hay más caras que el orgullo y es evidente que hay gente que con tal de aparecer en la portada de los diarios económicos es capaz de vender su alma al diablo o de cerrar los ojos para no ver lo evidente. En cualquier caso, no se relajen, que esto no ha hecho más que empezar. Estamos en el principio del principio.
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