Fernando Martín, presidente de Martinsa-Fadesa, pertenece a ese grupo de empresarios que, prácticamente desde la nada pero con la ayuda inestimable del irracional 'boom' inmobiliario, han construido un auténtico emporio y se han encaramado a la lista de los ricos del mundo que elabora Forbes. Su perfil es muy similar al de otros como Enrique Bañuelos (fundador de Astroc) y Luis del Portillo (ex presidente de Colonial), que se convirtieron en estrellas y luego se estrellaron al son que marcaba el mercado del ladrillo.
El paralelismo entre todos ellos es asombroso. Fernando Martín, de 61 años y químico de formación, también dio el salto a la fama cuando protagonizó una de esas operaciones en las que el pez chico se come al grande y que sólo son posibles en épocas de gran bonanza económica. Fue en 2006 cuando la pequeña Martinsa lanzó una OPA sobre la consolidada Fadesa por 4.045 millones de euros, una astronómica cifra que los bancos, ahora tan duros y restrictivos, se aprestaron a financiar. La transacción era una copia exacta a la realizada sólo unos meses atrás por Luis del Portillo, presidente entonces de la modesta Inmocaral, que adquirió Colonial a La Caixa. Todas ellas siguen la estela del 'gran maestro' Joaquín Rivero, que logró hacerse con la líder del sector, Metrovacesa, a partir de una mini empresa llamada Bami.
Con la compra de Fadesa al gallego Manuel Jové, que fue más listo que los demás y vio las orejas al lobo a tiempo, Fernando Martín vio realizado su gran sueño: crear y dirigir la mayor inmobiliaria del país. Ya ese año había alcanzado otra de sus metas al convertirse en presidente del Real Madrid, aupado por Florentino Pérez. Esa alegría no le duró mucho -apenas dos meses hasta que dimitió-, pero no era un mal despegue para un empresario desconocido sólo unos meses antes.
Fernando Martín nació en Trigueron del Valle, Valladolid, el 30 de mayo de 1947. Aunque se licenció en Ciencias Químicas, dio sus primeros pasos en la política, dentro de la UCD. Después de trabajar en una remolachera, en 1983 se trasladó a Madrid donde desembarcó en el negocio inmobiliario. Fue en 1991 cuando fundó Martinsa, pero su fortuna la forjó realmente en 2005, con la venta de su participación en Vallehermoso. A partir de ahí protagonizó una fulgurante carrera que acaba de truncarse.