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Vizcaya

primer acto oficial deL ALCALDE tras su operación

El alcalde recibió muestras de cariño de vecinos y autoridades en su vuelta a la actividad política

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Ayer fue un día de abrazos en la explanada de Botica Vieja. Más que las imágenes de la maquinaria o de los pabellones condenados al derribo, lo que todos los objetivos perseguían era el regreso del alcalde a los actos públicos, probablemente el escenario en el que siente más cómodo. Se esperaban saludos cariñosos y hubo muchos, quizá los más efusivos para Julia Madrazo y Antonio Basagoiti. «Te veo muy bien», le dijo a Azkuna el flamante presidente del PP vasco.
Vestido con chaqueta azul y pantalón gris, el alcalde tardó en llegar a la improvisada tribuna porque todos querían saludarle. Él también tenía abrazos atrasados. Concejales de los cuatro grupos políticos acudieron a darle la bienvenida junto a los representantes de las instituciones que participan en la comisión gestora de Zorrozaurre y los vecinos que no quisieron perderse la ocasión. Era el protagonista absoluto y fue también el primero en tomar la palabra, aunque sólo por un momento. «Perdón por venir sin corbata, pero he adelgazado tanto que me cabe cualquier cosa», confesó.
Fue la única referencia a su enfermedad, que le ha mantenido apartado de Bilbao y de la actividad pública durante el último mes y medio. Ayer no habló de la operación a la que se ha sometido para corregir las secuelas del tratamiento contra el cáncer de próstata y prefirió hacer un discurso medido, con el punto justo de emoción. Cedió la palabra a los otros dos oradores -Gabriel Salaverry y Javier Madrazo- y volvió a intervenir al final. Habló sobre Zorrozaurre y, en la despedida, otra vez de sí mismo. «Veo que algunos tenéis color de balandrista y otros estáis blanquitos, como yo. No sabéis lo que me alegro de veros, incluso a los periodistas, que al fin y al cabo también son amigos míos», remató con sorna.
Los aplausos añadieron calor a una mañana en la que el sol apretaba. Con un botellín de agua para combatir el bochorno, Azkuna contempló las maniobras de las máquinas que derribaban los pabellones y se mostró contento y relajado. Se hizo una última foto, esta más oficial, antes de regresar al coche. La ciudad y él volvieron a encontrarse como viejos conocidos, sin necesidad de grandes alardes y con la seguridad de que les queda mucho que hablar.
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