Desde hace casi dos años arregla la dentadura de los inmigrantes y personas con pocos recursos a un precio «simbólico». En el barrio bilbaíno de San Francisco le conocen como el 'dentista de los pobres'. Fulgencio E. llegó a España desde Guinea Ecuatorial a principios de los años 90. «Cursé mis estudios de Odontología en la Complutense y en la UPV y, después de casi 20 años luchando, cumplí mi sueño: abrir mi propia consulta». La semana pasada, El Cuerpo Nacional de Policía llamó a su puerta. Los agentes registraron su clínica, se incautaron de diversa documentación contable y después le detuvieron.
Le acusan de «estafar» a ciudadanos extranjeros, a los que, presuntamente, «cobraba entre 2.000 y 8.000 euros» a cambio de darles un empleo en una serie de «empresas y ONG tapadera». Según los investigadores, Fulgencio «nunca conseguía el objetivo último de regularizar» la situación de los 'sin papeles'. En 2004 tuvo problemas con la Justicia por motivos similares. Los funcionarios también arrestaron a otro hombre, al que acusan de «intrusismo profesional».
El 'dentista de los pobres', que quedó en libertad con cargos, negó ayer «categóricamente» estas imputaciones. «Todo es un montaje. Yo nunca he cobrado 8.000 euros a nadie», explica. Fulgencio tiene la convicción de que «hay alguien detrás» que quiere «denigrar» su imagen pública. «Todo es una sarta de calumnias», se desespera.
«Sólo ayudo a la gente»
Respecto a las presuntas sociedades «tadapera», el dentista guineano -también tiene la nacionalidad española- reconoce que contribuyó a poner en marcha muchas de estas firmas y ONG, pero que nunca las ha empleado para delinquir, sino «para todo lo contrario, para ayudar a la gente». Muchas de ellas quedaron inactivas porque «no podía mantenerlas, eran deficitarias». Entre las compañías que ha estudiado la Policía se encuentran Guía Africana de Servicios y Euroguinea de medicamentos. «La primera fue una revista sobre inmigración y servicios que lancé en Madrid. Publicamos siete números, pero daba muchas pérdidas, así que abandoné el proyecto», afirma.
«La segunda -prosigue- la creé para hacer llegar medicinas a mi país de origen. Vendí mi piso y llegué a arriesgar mucho dinero en esta iniciativa solidaria, así que no sé por qué la Policía se empeña en buscar cosas raras, porque mi vida es muy simple: soy un ciudadano normal que ha trabajado duro para cumplir su sueño», insiste.
A juicio del odontólogo, en todo esto hay «un componente racista». «Soy el único dentista negro de España y hay gente que eso no lo puede soportar. En este país, los negros como yo sólo pueden ser futbolistas», protesta. Ahora Fulgencio espera que todo se aclare. «Deseo que se haga Justicia y se limpie mi buen nombre», exige.