El Banco Santander se convertirá en el segundo en el ránking británico por su dimensión, cuando se complete la adquisición de Alliance & Leicester(A&L), que se anunció ayer. Esa posición será el resultado de fundir el nuevo banco con Abbey, adquirido en 2004.
El anuncio de acuerdo entre los dos consejos para el intercambio de acciones creó alarma en los sindicatos, que en su día dieron la bienvenida a la compra de Abbey, pero que esta vez señalan que inevitablemente la fusión con A&L llevará a la reducción de puestos de trabajo.
Mientras, el primer ministro, Gordon Brown, resaltó los positivos efectos de la entrada de capital extranjero en el Reino Unido. Preguntado por el anuncio de los dos entidades, afirmó durante su conferencia de prensa mensual: «Siempre hemos trabajado con una economía abierta y creo que nos hemos beneficiado de la diversidad de propietarios que hay en la economía del Reino Unido».
Más allá de valoraciones, si Abbey era un elefante varado, con problemas de dirección, el caso de A&L es distinto. Es un banco con una buena marca comercial, cuya oferta de cuentas corrientes ha sido calificada como una de las mejores en años recientes y con una estrategia existosa de penetración en los servicios a pequeñas y medianas empresas.
Como Abbey, el origen de A&L está en las mutualidades para el préstamos hipotecarios. Se fundó en la mitad del siglo XIX en la ciudad de Leicester y se fusionó poco después con una alianza de otras mutuas surgidas en el sur de Inglaterra. Se desmutualizó y convirtió en banca privada en 1997.
Compró en 1990 el Girobak, una rama bancaria creada por el Gobierno en los años sesenta en las estructuras del servicio público de correos y luego desgajado para su venta a A&L. El factor fundamental que aconsejaba la venta es que una institución de tamaño menor tenía más riesgos en el entorno financiero actual.
El Santander ofrece por las acciones del banco una cuarta parte de lo que valían hace dos años, cuando el francés Credit Agricole desechó la compra tras una larga negociación.Tras el anuncio de ayer, las acciones de bancos que estaban en aparente peligro de quiebra, como Brandford and Bigley, subieron un 25%. El optimismo del Santander estimulaba así el decaído mercado británico.