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Quien crea que los encierros son patrimonio exclusivo de los Sanfermines es que no se ha dado una vuelta por las decenas de festejos que animan el calendario estival de los municipios vascos. Alrededor de medio centenar de localidades de Euskadi mantienen los espectáculos de vaquillas en sus programas de fiestas. Una actividad sobre cuya celebración no se admite debate. «Es algo que se lleva dentro. Se tiene constancia de encierros desde la Edad Media y no se pueden eliminar», resumen en el Ayuntamiento de Laguardia, que forma parte de la quincena de poblaciones de Álava -entre las que también figuran Amurrio, Llodio y Oyón- que celebran todavía estos espectáculos.
El año pasado, el Gobierno vasco concedió en territorio alavés 53 permisos para encierros en 14 localidades -por cada jornada se necesita una licencia, aunque en un mismo día puede haber más de una suelta de reses-. En Vizcaya se autorizaron 25 en una docena de municipios -Durango, Portugalete, Getxo, Amorebieta, etc-. Muchos más en Guipúzcoa, donde las solicitudes sumaron 93, repartidas entre 27 poblaciones -Azpeitia, Rentería, Pasajes y Deba, este último, el municipio que más espectáculos de este tipo programa, una docena el año pasado-. En total en el País Vasco se celebraron 171 jornadas de encierros en 53 pueblos, una cifra similar a la de años anteriores -en 2006 se emitieron 167 permisos-. «Las cifras se mantienen. En la última década no ha habido variaciones», señalan desde la Dirección de Juegos y Espectáculos del Gobierno vasco, departamento responsable de la concesión de los permisos.
«Mucho papeleo»
Laguardia atestigua que la taurina es una tradición sin fecha de caducidad. Aquí se acostumbra a celebrar encierros en junio, en honor a San Juan y San Pedro. Los aficionados corren delante de los animales por la calle Mayor y un cantonal para acabar en la plaza de toros, un espectáculo muy vistoso que sale por un 'pico' a las arcas municipales, unos 16.000 euros echando un cálculo rápido. «Las reses cuestan 1.800 euros cada día, otros 600 por la ambulancia, el seguro más de 3.000 euros, 300 para que el veterinario revise los animales y para el jefe de lidia...»
El listado de requisitos que el Gobierno exige para conceder estos permisos es largo. La normativa, que data de 1991, impide soltar reses de más de 310 kilos. Deben, además, llevar los cuernos embolados, se impone la contratación de un seguro de responsabilidad civil con una cobertura mínima de 90.000 euros y se exige que una ambulancia y varios voluntarios garanticen la seguridad. En Euskadi se prohíbe la participación de menores de 14 años y únicamente se conceden licencias a aquellas localidades «que acrediten que el de las vaquillas es un espectáculo con arraigo en el municipio».
Requisitos que, coinciden los ayuntamientos consultados, «exigen cada vez más papeleo». Y no porque la normativa se haya endurecido -«es la misma», aseguran en Interior-, sino «porque se aplica de manera más estricta», interpretan en el Consistorio vizcaíno de Portugalete -donde en 2007 se organizaron tres días de encierros por agosto-. «Antes se permitía más aforo en las plazas de toros portátiles. En otras comunidades dejan entrar a 2.500 espectadores pero aquí entran 1.500», comentan. «Tiene que ser un espectáculo seguro y por eso el cumplimiento de los requisitos es una cuestión impepinable», responde el Gobierno autónomo.
«Un susto»
Las medidas de seguridad se cumplen a rajatabla, lo que no evita, sin embargo que, en ocasiones, ocurran desgracias. Como la que rememoran en Antxo, uno de los cuatro distritos en los que se divide la localidad guipuzcoana de Pasajes, donde celebran por julio los festejos con vaquillas incluidas. «Hubo una época en la había un fallecido por año en los encierros. Pero entonces los toros pesaban mucho, 500 ó 600 kilos, y el recorrido era de kilómetro y medio» -más largo que en los Sanfermines, con quienes los vecinos de Antxo comparten patrón-. Entonces, los responsables municipales optaron por «vaquillas con cuernos embolados», que hoy se sueltan por un recinto vallado de 400 metros de longitud.
En otros municipios, las tradicionales sokamuturras se han sustituido por la suelta en plazas de toros portátiles. «Hace unos años nos llevamos un susto, no ocurrió nada grave pero la gente arriesgaba mucho. Así que por cuestiones de seguridad ahora se hace todo en la plaza», explican en Portugalete. En esta localidad vizcaína, el desembolso roza los 12.000 euros -«6.000 por el alquiler de la plaza y las reses y casi otro tanto por el seguro»- por una decena de espectáculos. Un esfuerzo económico importante para mantener lo que se ha convertido ya «en uno de los elementos de identidad de las fiestas».
En Pasajes, las vaquillas también parecen incuestionables, aunque los responsables locales dicen que la afición ha ido decreciendo con el paso del tiempo. «En los años ochenta la plaza estaba a reventar. La llegada de los camiones con los toros era un acontecimiento. Hoy hay menos afición», lamentan en el Ayuntamiento.
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