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Basagoiti anuncia un giro en el PP vasco y propone acuerdos con el resto de partidos
Basagoiti habla delante de una imagen de San Gil. / FOTOS: FERNANDO GÓMEZ Y LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Antonio Basagoiti salió ayer «con la mano tendida» del congreso del Partido Popular vasco que le ha proclamado como nuevo presidente. Dentro y fuera. Con la voluntad de «sumar» adhesiones internas entre los críticos y de buscar en el exterior «acuerdos democráticos» con el resto de formaciones. Con la disposición a abrirse al pacto con el Estatuto y la Constitución como banderas, y siempre «desde el respeto a los principios y valores», santificados en el cónclave de Bilbao en tres mandamientos: la libertad, la derrota de ETA y la unidad de España. El giro anunciado por Basagoiti en favor de la apertura, que no sería noticia en otras comunidades autónomas, lo es en Euskadi para un partido que, machacado por el terrorismo, ha vivido en un cierto aislamiento la política general de los últimos años. Aunque ayer sólo fueron citados para el reproche, el anuncio tiene al PNV y el PSE como destinatarios principales.
El congreso del Partido Popular vasco dio ayer por cerrada la crisis de liderazgo tras la renuncia de María San Gil y proclamó como nuevo presidente al candidato de consenso Antonio Basagoiti con el apoyo del 82,3% de los compromisarios, un porcentaje más que estimable para un Basagoiti que ha tenido que hacer lo indecible en busca de la integración y de su propia consolidación para no salir tocado a las primeras de cambio. Más casi no se puede hacer. Todos los críticos tienen un hueco en la ejecutiva y algunos, garantías para repetir como parlamentarios, que esa es la otra parte de la partida que se jugaba.
Además, ha sacrificado elección personal por unidad al aceptar el nombramiento de Iñaki Oyarzábal como secretario general, impuesto por la ejecutiva alavesa de Alfonso Alonso. Fue como un mensaje en clave interna, pero Alonso, ahora en Madrid en el equipo de Mariano Rajoy, hizo votos en su discurso para «recuperar el camino de la cohesión y de la amistad».
Sin embargo, hay una parte significativa del partido que cuestiona al nuevo equipo que lidera Basagoiti, sobre todo tras el nombramiento de Oyarzábal, 'número dos' en la práctica. Recelan de él porque no se arrugó ante el desplante de San Gil. Mientras, sus partidarios destacan su capacidad para poner orden en el partido tras el revuelo interno. La votación, en la que participaron 347 de los 401 compromisarios, reveló que los críticos son 63 de ellos: 61 votaron en blanco y dos, nulos. El resto fueron 'síes' para Basagoiti, que cierra el congreso un poco a lo Rajoy. El líder nacional del partido obtuvo un 84%.Como éste, se da por satisfecho con la que estaba cayendo. El equipo de confianza de Basagoiti manejaba como buen resultado cualquier escrutinio por encima del 80% -un listón psicológico, pues un 20% es el margen mínimo para que pudiera haberse presentado un candidato alternativo-. San Gil, hace cuatro años, cosechó un 88%, castigada por los partidarios de la aspirante Loyola de Palacio, procedentes del sector de Álava, Getxo y la margen izquierda.
Basagoiti no sólo tuvo votos de respaldo. Le arroparon en su proclamación 'barones' y dirigentes de peso de su partido, como Javier Arenas, Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre, Francisco Camps -presidente de la Comunidad Valenciana- y la responsable de Organización, Ana Mato. El 82,3% de los apoyos le faculta para poner en marcha su proyecto, poco a poco, y da un respiro a unas bases sobresaltadas. Ha tenido que lidiar con la disidencia, y también buscar los equilibrios de poder entre las ejecutivas territoriales. Resulta paradójico que los considerados leales abrieran el frente más preocupante en vísperas del congreso, por el órdago lanzado por el sector alavés con Oyarzábal. Pero lo que más inquietaba a la dirección nacional en Génova era un eventual revuelo entre los afines a San Gil en la clausura, una 'bronca' a la catalana que, finalmente, no se produjo.
Mayor Oreja, ausente
Hasta la alcaldesa de Lizartza, Regina Otaola, decidió ayer sentarse delante con la plana mayor, en vez de hacerlo atrás, donde compartió lugar el viernes con el círculo más próximo a la dirigente guipuzcoana. Otaola, fiel a sus ideales, no apoyó la ponencia política que acusa al PNV y EA de «obstruir» la lucha contra ETA. Dice que es «light». Basagoiti, socio del Athletic, se permitió una broma con la política eibarresa desde el atril de los discursos. «Que suban el Alavés y la Real... Y el Eibar también Regina». La marejada de fondo puede ser una amenaza seria, representada en ese 18% de los compromisarios que no votaron por Basagoiti y su equipo.
No todos los defensores de la figura de San Gil tuvieron la misma actitud. Carlos Iturgaiz declaró que el nuevo presidente «sale muy reforzado» del congreso. «Deberá ganarse la confianza de la militancia», matizó Carmelo Barrio, el secretario general saliente que seguirá en la ejecutiva. Será supervisado por unos críticos que mirarán con lupa sus pasos y, especialmente, los resultados de las elecciones autonómicas, a las que Basagoiti concurrirá como candidato a lehendakari. Dicen quienes conocen a los disidentes que se trata de un grupo unido casi más en lo emocional que en lo político, «en el dolor que les ha causado ETA». Ayer era revelador la cantidad de escoltas que aguardaban fuera del Euskalduna.
Algo parece que se mueve dentro del PP vasco, pese al mantenimiento de los principios y valores. «Que nada va a cambiar», que «seguirá siendo el mismo partido de siempre», repetían los intervinientes uno tras otro. Pero se intuye un cambio. Tiene que ser así porque los padres espirituales de ese modelo basado en las esencias no estaban. Muchos compromisarios no daban crédito a la ausencia de María San Gil en el congreso de su sucesión ni de Jaime Mayor Oreja, uno de los artífices del despegue del PP en el País Vasco gracias al pacto con el PNV en la era anterior a Lizarra.
Mientras el grupo de críticos que no votó la candidatura oficial se acuartela en el flanco guipuzcoano bajo el manto de San Gil, el presidente y su equipo anunciaron que ya toca hacer política. Sin renunciar a los consabidos principios, pero vinieron a decir que ya es tiempo de 'salir de la cueva'. Basagoiti lo hizo en dos secuencias. Primero en el discurso de candidato de la mañana. «Tenemos que dar mayor utilidad a nuestros principios» . Para ello, Basagoiti ligó las esencias con una mejora de la calidad de vida de los vascos, por ejemplo, «en el empleo y la educación.
Tras la votación que consagró su candidatura, fue más conciso en la intervención de la tarde y dijo cómo utilizar esos valores. «Vamos a hacer propuestas», planteó ante Rajoy, sentado entre los asistentes. La de mayor calado consiste en estar «a pie de obra» para intentar solucionar los problemas de los ciudadanos y, en lo político, «ir por el camino que nos une» «Este país se construye desde el entendimiento».
Aclaró que el PNV, en cuyo electorado descontento busca adhesiones, «es un elemento de división» y culpó de ello a Ibarretxe. Del PSE dijo que «nadie sabe a qué quedarse con ellos». Pero Basagoiti cerró el congreso con una idea clara. «Salgo de aquí con la mano tendida para construir país». Le costó lograr el aplauso al presidente, que acaba de saltar del Ayuntamiento de Bilbao, al que accedió en 1995, a la política con mayúsculas al frente de la tercera fuerza en Euskadi. Si algún crítico se lleva las manos a la cabeza por sus propósitos, sólo tiene que repasar lo que dijo Esperanza Aguirre: «Estamos abiertos a hablar con todos, salvo con los violentos».
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