Las aerolíneas viven un momento crítico. El peor desde los atentados del 11-S. El imparable ascenso del precio del petróleo ha puesto a muchas compañías al borde del precipicio. Un abismo cada día más profundo y peligroso, dada la feroz competencia que impera en el sector. Aún no hay víctimas mortales, pero quien más y quien menos ya ha iniciado severos ajustes de plantilla o recortes de rutas y frecuencias. Los beneficios menguan o desaparecen y las fusiones se presentan como una de las pocas alternativas para sobrevivir.
Frente al debate semántico que se vive en los ámbitos macroeconómico y político sobre «ajustes» o «desaceleraciones», nadie del sector aeronáutico pone en duda de que lo que ha llegado es una «crisis» de tomo y lomo. El precio del crudo, y por ende el del queroseno, ha impactado de lleno en las cuentas de resultados en un momento en el que el consumo no deja de caer. Esto sucede, además, en un negocio absolutamente sobredimensionado, con demasiadas compañías en pérdidas y poco margen de negocio para casi nadie.
Hasta ahora, las aerolíneas trataban de comprar el combustible -que supone de media un 35% de los costes del sector, frente al 13% de 2002- mediante adquisiciones garantizadas a un precio cierto -denominadas 'coberturas'- en las que, por cierto, Iberia es uno de los mejores negociadores del mundo. Pero la enorme volatilidad del mercado del 'oro negro' ha complicado mucho esos contratos, pues nadie se atreve a fijar hoy un nivel de precios para el futuro.
'Números rojos'
Recientemente, la Asociación Europea de Aerolíneas (AEA) pronosticó para este año el hundimiento generalizado de la rentabilidad y la entrada en pérdidas en 2009 «sólo por el efecto del petróleo». La 'patronal' internacional (IATA) calcula que las aerolíneas perderán 1.500 millones de euros en 2008 si el precio medio del barril de petróleo se sitúa en 106 dólares y 3.800 si se mantiene en 135. A partir de ese punto, las compañías perderán en conjunto 1.000 millones de euros por cada dólar en que se encarezca el crudo. Datos que dan miedo si se tiene en cuenta que el barril de 'oro negro' alcanzó este mismo viernes un nuevo máximo histórico de 147,5 dólares.
A la escalada del combustible hay que añadir, además, la reducción de ingresos derivada de la desaceleración económica de Estados Unidos, Europa y también de Asia. La IATA asegura en su último informe que este cóctel explosivo de elementos negativos podría tener un impacto mayor en las cuentas de las aerolíneas que el desplome de las ventas que generaron los atentados de aquel fatídico 11 de septiembre de 2001. «La situación actual nos recuerda más a la crisis del petróleo de finales de los 70», advierte.
Billetes más caros
La solución más 'fácil' ante el repunte del carburante es subir las tarifas. Algo que han hecho ya la inmensa mayoría de las aerolíneas. En algunos casos, el añadido alcanza los 200 euros por billete y trayecto. Pero esa estrategia tiene un límite muy definido: no se puede asfixiar a los clientes. Las propias compañías reconocen que en ningún caso se puede trasladar a los billetes más allá del 30% del incremento del coste del queroseno. Sólo queda apretar los dientes y seguir adelante.
La válvula de escape más utilizada no es esa, sino la reducción de costes laborales y de estructura. En el conjunto del sector y en lo que va de año los despidos rozan ya los 15.000, casi todos por ahora fuera de Europa. En el Viejo Continente se ha apostado en mayor medida por otra estrategia, la de apretarse el cinturón y reducir a marchas forzadas el número de rutas y bases. Todos los trayectos que no son rentables o no aportan demasiados pasajeros de conexión están hoy en el alero. En España, Iberia lleva ya meses reduciendo destinos (sobre todo domésticos) y retirando los aviones menos eficientes. Mientras, Spanair se enfrenta a peores presagios, pues su propietario -la escandinava SAS--no ha encontrado inversores dispuestos a comprarla y se prepara ahora para darle un verdadero 'tijeretazo'. El bajo coste no es ajeno a la crisis. Y para muestra, un botón. Vueling y Clickair han decidido unir fuerzas ante la evidencia de que, por separado, sólo les esperaba la ruina.
En España hasta ahora los problemas no han sido demasiados, pero las aerolíneas son conscientes de su capacidad de aguante y tienen miedo. Nadie en el sector duda de que si las cosas siguen como hasta ahora habrá despidos y muchas rutas domésticas desaparecerán. Por eso las tres patronales del sector (ALA, AECA y ACETA) se han reunido con responsables del Ministerio de Fomento, de Aena y de Aviación Civil para tratar de establecer un marco de colaboración. Las compañías proponen, entre otras cosas, una congelación de las tasas de los aeropuertos, así como la agilización de las cargas administrativas que soportan. El sector también cree prioritario igualar los costes de seguridad con los que soporta el AVE, pagados en este caso por el Estado y no por Renfe.