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Vizcaya

11.07.08 -

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Raptados en su propia casa y maniatados en la despensa
La Ertzaintza patrulla junto al chalé minutos después del asalto. / LUIS CALABOR
Lo que pone en valor el episodio del lunes 30 de junio es la noche de pesadilla que vivieron seis días más tarde los ocupantes del chalé asaltado de la calle Arrietara. Fuentes cercanas a la investigación han relatado a este periódico paso por paso el calvario que sufrió el matrimonio propietario de la casa, un calvario que se prolongó por espacio de hora y media y que, según testimonios recabados, podría haber tenido funestas consecuencias «de no haber dinero guardado en la casa».
El robo se produjo sobre las once de la noche. Uno de los intrusos se descolgó por la ventana del sótano y, una vez en el interior, subió a la primera planta y abrió una ventana. Por ella entraron sus tres compinches. Los asaltantes no dejaron nada a la improvisación. Eran un grupo organizado y actuaron en consecuencia: no dejaron huellas, ocultaron sus rostros y se movieron con decisión. En cuanto descubrió su presencia, siempre según las mismas fuentes, la dueña de la casa sufrió un ataque de nervios, que fue inmediatamente atajado por los asaltantes con amenazas para evitar que sus gritos les delatasen. La arrojaron al suelo sin miramientos y se dedicaron a darle patadas y bofetadas.
Después de esa muestra de brutalidad, la mujer fue encerrada en un pequeño cubículo que hay debajo de la escalera, mientras su marido era conducido a la despensa del primer piso. Separados, consiguen al menos comunicarse con voces que les tranquilizan: se saben vivos. Cada uno estaba custodiado por un ladrón, mientras los otros dos se dedicaban a buscar la caja fuerte y a desvalijar la casa.
Superar la tragedia
Cuando los asaltantes reunieron el botín -dinero y joyas-, encerraron a la pareja en la despensa y les maniataron antes de huir. Después de un tiempo intentando quitarse las ligaduras, la mujer consiguió marcar con la nariz el 112 en el teléfono y pulsar la alarma con el pie. Cuando llegó la Ertzaintza, se encontraban en un estado lamentable. Tras casi dos horas temiendo por su vida, sus nervios estallaron cuando los ertzainas que les atendían dijeron que no tenían constancia de ningún aviso previo para vigilar la casa.
El dramático episodio no tardó en extenderse por todo el barrio como un reguero de pólvora y alentar la alarma en un vecindario que se levanta sobre un entorno privilegiado. Fuentes próximas a la investigación coinciden en señalar que la experiencia sufrida dejará huella en una familia que deberá ahora superar la tragedia y el miedo.
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