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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Vizcaya

10.07.08 -

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«El riesgo es casi inexistente»
. Un hombre muestra las hipodérmicas recogidas.
Lo peor de ir a la playa y pincharse con una jeringuilla no es el susto inicial, ni las cábalas que inmediatamente surgen a borbotones sobre su más que probable procedencia. La parte más amarga de esta experiencia es tener que estar tres meses en un compás de espera hasta que se puedan hacer los test para descartar que el aguijonazo haya podido transmitir el sida. A pesar de que el riesgo de contagio es prácticamente cero, el agobio está ahí, porque improbable no quiere decir imposible y ese pequeño resquicio entre una palabra y otra es una vía abierta al pánico.
«La gente se agobia, pero el peligro es casi inexistente -insistió Daniel Zulaika, Coordinador del Plan General de Sida de Osakidetza-. Pero es mejor acudir a un centro médico y descartarlo, por tranquilidad. Muchas veces, una simple charla con el médico ya elimina los temores. Después de hablar, algunos ya ni siquiera van a hacerse los análisis». Este es el consejo que dan también los socorristas que vigilan las playas vizcaínas, que son los primeros profesionales en atender a las personas que sufren este percance, desinfectándoles la zona y aplacando sus miedos.
Ni un solo contagio
«Desde que el protocolo de pinchazos se puso en marcha, no conozco a nadie que haya contraído el sida, ni el tétanos, ni la hepatitis B o C... que son las enfermedades que en teoría podrían transmitirse», afirmó Zulaika. Según explicó, el virus del sida sólo aguanta minutos fuera del cuerpo y, aunque no desaparece, se desactiva. «En el caso de las hepatitis, hay más posibilidades, pero el riesgo también es bajísimo», señaló. Ni siquiera en los años ochenta, cuando «había 10 o 12 pinchazos en Euskadi cada fin de semana», se detectó ningún contagio.
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