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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Vizcaya

10.07.08 -

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S i todo funcionase bien, la mar océana arrastraría hasta nuestras playas botellas con mensajes de náufragos lejanos, quizá alguna que otra sirena de mirada acuosa y pelo ensortijado. Lamentablemente, la realidad es un asco y lo que están dejando las olas sobre la arena son jeringuillas. Como lo oyen, jeringas: chutas ochenteras y suburbiales. Algo pasa este año con el departamento de 'atrezzo' veraniego. Primero fueron los vertidos en Gorliz, que provocaron que se izase la bandera roja durante varios días. Ahora nos enteramos de que a los arenales de Getxo están llegando más residuos que nunca. El inventario es variado y asquerosito: ramas, plásticos, kleenex, fangos, basuras varias y también jeringuillas hipodérmicas usadas.
Por su proximidad a la desembocadura del tradicionalmente mugriento Nervión, playas como las de Ereaga y Las Arenas siempre han sido proclives a recibir mucha porquería. Este año, además, al dios de la lluvia le ha dado por dejar de llorar sobre México para hacerlo sobre Neguri, así que se preveía que las mareas viniesen con ración doble de inmundicia. Lo que nadie esperaba era esta abundancia de jeringuillas. Uno piensa en el trayecto que hacen estos adminículos desde los callejones hasta la orilla del mar y cuesta resistir la tentación de ponerse social y metafórico. Hay un corto para un cineasta español comprometido en ese viaje que va del sombrío arrabal al arenal burgués. En cualquier caso, la imagen de una jeringuilla sobre la arena es especialmente extemporánea y agresiva: algo así como un grafiti pintado en la puerta del Paraíso.
No debe haber muchas maneras más terminantes de arruinar una jornada playera que clavarse una aguja sospechosa en un pie. Aunque sabemos que las posibilidades de infección son escasas, el susto debe de ser antológico. Se impone la necesidad de reforzar los servicios de limpieza de las playas afectadas, ya que no parece muy civilizado tumbarse a coger bronce entre jeringas puntiagudas. Los bañistas vizcaínos deben andarse con un poco de cuidado. Conviene mirar dónde se pisa y controlar con qué juegan los niños. Un planazo, vaya. Como si no fuese ya suficientemente horrible no haber podido ir este año tampoco a Punta Cana.
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