Si se trata de alguna maniobra de venganza, el DKV Joventut ha elegido bien las formas para herir en grado máximo. Ayer, cinco horas antes del cierre del plazo, el club de Badalona hacía llegar a la ACB la notificación de que iguala la oferta del iurbentia por Marcelinho Huertas, algo que en absoluto entraba en los planes vizcaínos. La patronal lo notificó a la entidad de La Casilla y desde ese mismo instante el base paulista es ya historia. Agridulce. Tras ser despedido con una magna aclamación popular en el último partido de la temporada, el jugador reconoció a EL CORREO que se iba a la selección brasileña con la idea de volver. «Lo mejor es que siga un año más en Bilbao», dijo.
Habrá quien quiera dejar fuera del desaguisado al base que tanto le ha dado en los deportivo y personal al club que pagó su nómina la pasada campaña. No sería justo restarle su parte de responsabilidad en lo sucedido. Hay una máxima por todo el mundo aceptada en el deporte profesional: nadie está a disgusto en un equipo, ni nadie deja que le muevan cuando ha encontrado un buen acomodo. Es absolutamente lícito que el jugador quiera progresar y que ahora, con esta maniobra, pueda cumplir su ilusión de jugar la Euroliga. Y por ello no pasa nada por reconocerlo.
Esta historia nació torcida y ha acabado de aquella manera. El jugador firmó un contrato privado con el Bilbao Basket por dos temporadas, su representante ha intentado colocarlo -sin éxito- en medio mundo y el DKV Joventut le tiró los tejos al iurbentia para sacar algo en claro a condición de no apelar al derecho de tanteo. El club vizcaíno también amagó con litigar por los derechos del jugador e incluso ayer no tenía muy claro si el movimiento del DKV llegaba fuera de plazo. Huertas se ha mantenido mudo desde que dejó Bilbao y durante la presente semana se han dado dos detalles que podían haber servido de señal de alarma.
Uno se refiere a un rumor sobre una posible llamada de un alto directivo del Joventut al entorno del jugador vaticinando esa oferta igualada, que no pasó la criba de la verosimilitud. El otro, confirmado y peculiar, se produjo el martes en Atenas, donde Huertas y Banic se enfrentaron con sus selecciones, Brasil y Croacia, en un amistoso previo al Preolímpico. El pívot reconoció a este periódico que el base sólo le había dicho que «las decisiones no dependen de él», ambigua contestación, a un día del final de plazo del Joventut, a la pregunta de si iban a seguir siendo compañeros.
Desde Badalona se ha abierto una espita para rebajar la presión provocada por esta situación. Así, se baraja que el motivo de la apuesta tardía por Huertas se deba a la inminente marcha de Mallet. El base norteamericano, que acababa de ser renovado, podría tener una jugosa oferta de otro club, aunque también hay quien dice que ya no cree a pies juntillas en el proyecto barcelonés sin Aíto de por medio. En cualquier caso, Huertas dirimir sus minutos y protagonismo con Ricky Rubio y Pau Ribas, si bien éste parece llamado a recalificarse en un escolta nato.
Eso si la Penya no cede los derechos del brasileño a un equipo ajeno a la ACB, lo que puede hacer aunque sin reflejo económico alguno en sus arcas. El brasileño ha sido el gran beneficiado de la operación, ya que gracias a la generosa oferta planteada inicialmente por el iurbentia, pasará de un contrato inferior a los 150.000 euros netos a otro que supera los 600.000 brutos.
Orgullo al margen, nadie puede negar el malestar causado por esta noticia en todos los estamentos del Bilbao Basket, entidad que limitó su valoración inicial a confirmar lo ocurrido en un escueto comunicado. No hay duda. Es un serio hándicap para Vidorreta.