Bañador, bikini, trikini... Las propuestas en moda de baño son tantas que a algunos les cuesta decidirse y optan por ponerse a remojo con su ropa de calle. Esto es lo que ocurre en el polideportivo de Rekalde, donde un grupo de personas de etnia gitana ha sido sorprendido repetidas veces en la piscina con el mismo atuendo con el que acuden a comprar el pan. El particular desfile acuático de bañistas en camiseta, pantalón y, a veces, ropa interior incomoda al resto de usuarios de la zona de recreo, que lleva padeciendo esta poco higiénica costumbre desde hace, al menos, cuatro veranos.
«Suelen venir a partir de las cinco de la tarde y, en cuanto llegan, lo acaparan todo», relata Eva Pereña, que se consuela pensando en la llegada del invierno, «porque entonces ni aparecen». Esta usuaria habitual del polideportivo bilbaíno está cansada de la permisividad con que tratan a tan incívicos bañistas. «El viernes pasado ocuparon todas las duchas de la piscina y no les dijeron nada, pero a los que nos fuimos a los aseos de los gimnasios sí que nos llamaron la atención», recuerda indignada.
En el centro deportivo de Rekalde comprenden el enfado de los usuarios: «Sabemos que no pueden disfrutar e intentamos estar detrás de los que causan problemas». Los bañistas afectados discrepan con esta versión y aseguran que los culpables no suelen recibir ninguna reprimenda. Los responsables de la zona de baño insisten, sin embargo, en que «si se les ve vestidos dentro de la piscina se les llama la atención», pero reconocen que «en cuanto tienen oportunidad, te la juegan».
Soluciones
Desde Bilbao Kirolak reconocen que cuando hay muchas personas en un mismo recinto siempre surge alguna situación de este tipo. Y para evitarlas, han dispuesto ya una serie de medidas. «Este año hemos contratado a una persona de seguridad por polideportivo para que esté en el horario de piscinas, pero en Rekalde, ante lo sucedido, hemos decidido colocar un segundo vigilante», aclara Fernando Zubizarreta, director de la entidad deportiva.
Sin embargo, Rekalde no es el único lugar donde se han producido episodios como éste. «En el polideportivo de Artxanda también hemos visto cómo se meten en la piscina de los pequeños, se remojan y vuelven a salir. Y todo, vestidos de calle», explica otra testigo de la insólita situación.
La resistencia a utilizar trajes de baño no es el único motivo de queja entre el resto de usuarios. «Se ponen a comer y no limpian nada, los niños van sin pañales y se cambian en medio de los pasillos sin ir a los vestuarios», relata Josefina González, una asidua a las piscinas municipales. Esta vecina de Rekalde advierte una clara «falta de higiene» en muchas de las actitudes de este grupo, aunque se muestra especialmente molesta con la tendencia que tienen a ocupar «toda la zona de sombra».
«Vienen en mogollón y se hacen dueños y señores de todo», subraya María Jesús Romero, otra de las afectadas. González confirma las palabras de esta bañista y destaca que «cuando alguien les dice algo, recibe malas contestaciones de otras veinte personas».