Nuestra mente dio un gran salto hace 35.000 años. La prueba está en las paredes de diecisiete cuevas de Asturias, Cantabria y Euskadi declaradas el lunes Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Santimamiñe, Ekain, Tito Bustillo, Altxerri, El Castillo y el resto de las grutas con paredes pintadas y grabadas de España, Francia, Italia y Europa Oriental son el testimonio excepcional de un momento clave en la evolución humana.
Nuestra especie, el 'Homo sapiens', es la más joven de la familia de los homínidos. Surgimos en África hace sólo unos 200.000 años, mientras que la estirpe de los homínidos -cuyo rango distintivo es la capacidad de caminar erguidos- apareció hace más de 6 millones de años. Las primeras herramientas las tallaron en África nuestros tatarabuelos hace 2 millones de años y fue también en ese continente donde hace unos 100.000 años nosotros empezamos a usar como adornos conchas de molusco perforadas. Pero el Arte con mayúsculas nació en las cuevas europeas, poco después de que nuestros antepasados llegaran desde el continente negro.
Las cavidades declaradas ahora Patrimonio de la Humanidad -que se unen a Altamira, que lo es desde 1985- guardan la respuesta a una pregunta para la cual puede que nunca haya respuesta. ¿Qué pasó en el cerebro del hombre del Paleolítico Superior para que de repente empezara a plasmar en dos dimensiones su mundo, los animales que cazaba y quién sabe si adoraba? Es la pregunta que se hacía un grupo de arqueólogos en diciembre de 2005, cuando salía de Santimamiñe tras haber visto los bisontes, caballos y demás animales inmortalizados en sus paredes. Dar con la respuesta a esa incógnita es el sueño de cualquier prehistoriador.
El arte rupestre -cuya finalidad se desconoce- no sólo es escaso, sino también frágil. Las visitas masivas de otras épocas han dañado irreversiblemente algunas grutas con pinturas. Paradójicamente, ese destrozo ha servido para que otras muchas se cierren antes de que sea demasiado tarde y algunas nunca se hayan abierto al público. La decisión de la Unesco obliga a las instituciones implicadas a conservar ese bien insustituible, cuyo estudio puede llevar a conocernos mejor como especie.
Arte frágil
Las diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa y el Gobierno autónomo se tomaron hace tiempo en serio la conservación de este legado. Por eso nadie puede visitar ni Altxerri ni Ekain ni Santimamiñe. La última es en la actualidad un ejemplo de gestión. Desde su cierre al público en 2006, arqueólogos y otros especialistas han trabajado en su recuperación, se ha vuelto a excavar y ahora los visitantes disfrutan de una recreación en 3D que permite conocer la obra de nuestros antepasados de entre hace 14.50 y 12.000 años -cuando fue pintada Santimamiñe- sin dañarla.
El Gobierno vasco destacó ayer que la decisión de la Unesco «nos obliga a todos a profundizar en las medidas de protección y difusión de estos elementos de nuestro patrimonio cultural». Y el delegado del Gobierno en Euskadi, Mikel Cabieces, calificó la noticia de «excelente» para todo el País Vasco, ya que supone «un elemento más de reconocimiento de su patrimonio histórico y cultural». El prehistoriador Rodrigo Balbín, director de las excavaciones de Tito Bustillo, recordó que «la primera declaración de Altamira, de 1985, fue un poco restrictiva, y ya todos pensamos entonces que había que hacer una declaración de todo el Norte».