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PRIMER ENTRENAMIENTO

Los jugadores se someten al test de Leger-Boucher y más de uno acusa el período vacacional

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Una prueba de esfuerzo para calibrar la resistencia
Etxeberria fue uno de los mejores. / I. PÉREZ
La vuelta al tajo alarga las caras. El recuerdo de las vacaciones todavía está fresco, incompatible con la 'dictadura' del cronómetro. Implacable. Exacto. Cruel con el cuerpo. Los jugadores del Athletic estrenaron ayer la pretemporada con una ligera dosis de sufrimiento. Fue breve, apenas de unos veinte minutos, pero suficiente como para darse cuenta de que las zapatillas pesan y los pulmones demandan oxígeno. El dolor es la primera señal de que el trabajo ha empezado.
El cuerpo técnico dividió la plantilla en dos grupos de 16 jugadores cada uno -Orbaiz se ejercitó al margen al estar recuperándose de la operación de su tobillo derecho- y les sometió al test de Leger-Boucher. Se trata de una prueba progresiva y maximal que se desarrolló en el campo número uno de Lezama, acotado cada 25 metros por una señal. Pues bien, los rojiblancos debían desplazarse a la velocidad que indicaban las señales acústicas emitidas por la megafonía. Con el paso del tiempo, el ritmo iba en aumento, cada vez más espaciado, y el esfuerzo empezó a dibujarse en los rostros de los futbolistas.
El primer grupo saltó al césped poco después de las once de la mañana. Joaquín Caparrós intercambiaba opiniones con Bernardo Requena, antiguo colaborador suyo y especialista en temas de fuerza. También estaba Lluís Llopis, nuevo preparador de porteros, que a partir de mañana pasará horas y horas con Iraizoz, Armando y Lafuente. Los leones empezaron andando, con la megafonía reventando los tímpanos, y luego hubo que acelerar el paso para llegar a las señales.
La garra de Garmendia
En el primer grupo estaban Garmendia, Iraola, Zubiaurre, Koikili, Casas, Agüeros, Prieto, Ustaritz, Amorebieta, Ocio, Murillo, Gurpegui, Iturraspe, Llorente, Etxeberria y Aduriz. Al principio mantuvieron el tipo, concentrados en los pitidos, las marcas clavadas en el suelo, pero luego empezaron a caer de maduros.
El primero en arrojar la toalla fue Fernando Amorebieta y, segundos después, iban parando Ustaritz, Llorente, Murillo, Iturraspe... Javi Reyes, preparador físico, les comunicaba los tiempos. Pero lo verdaderamente interesante estaba por llegar. ¿Quién ganaría la prueba de resistencia? Llegaron a la final Etxeberria, Gurpegui y Garmendia y fue este último el que demostró tener dinamita en los pulmones. El vencedor escuchó aplausos de los numerosos aficionados que se acercaron a Lezama.
Luego llegó el turno del segundo grupo, con los tres porteros, Toquero, Del Olmo, Yeste, Gabilondo, Javi Martínez, Muñoz..., y el primero en caer fue Ion Vélez. ¿El ganador? Markel Susaeta, la última 'perla' de Lezama.
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