Vive entregado a una profesión que adora. Le gusta encarar retos nuevos, pintar, ser leal a sus amigos e ir de duro , aunque quienes le conocen saben que no es tan fiero. Su último trabajo en la gran pantalla, 'Los cronocrímenes', de Nacho Vigalondo, le ha supuesto un desafío que ha resuelto con brillantez.
-Viajar en el tiempo no le va. Usted, dar un paso atrás, sólo para coger impulso, ¿no?
-No, no viajaría ni cambiaría nada por si acaso. Me siento un hombre afortunado tal y como estoy. Imagine que voy hacia atrás en el tiempo para ganar la lotería y me hago millonario, pero se mueren todos mis amigos. No merece la pena.
-¿Hay vida después de Vigalondo?
-Tengo un proyecto de teatro para septiembre con Ramón Barea en el Arriaga, a ver si sale, y tengo otro con Salvador Collado para Madrid. En cine, ahora comienzo a rodar una película que se llama 'Extrañamente íntimos' y que dirige Rubén Alonso. Y, entre medias, escenifico lecturas de relatos de Panero, Cortázar, Benedetti y autores así. El año pasado recitaba poesías y este año toca relatos cortos.
-Tiene pinta de que disfruta mucho con esto último...
-¡Mucho! Me voy con los músicos a mi aire y lo pasamos muy bien.
-¿Es usted buen lector?
-Lo soy. Me gustan muchos autores, desde Bukovsky a Hemingway pasando por todos los demás. Voy variando. También tengo antologías enteras de leyendas o relatos de miedo. Me gusta más leer un relato de miedo que ver una película de terror. Es mucho más acojonante.
-Y al actor, ¿le gusta más un género que otro o le da igual?
--Supongo que habrá de todo. A mí me gusta mucho interpretar comedias, pero también me atrae dar vida a canallas, quizá porque los buenos son más sosos, más planos. Si te pones a pensar en personajes bonitos, de esos que hace Robert De Niro, siempre son puñeteros, malos o tienen algo tenebroso. Me gusta más hacer malos que buenos.
-¿Hay algún personaje que recuerdes de forma especial?
-Sí, claro. El que hago ahora en 'Los cronocrímenes', el Ismael de 'La madre muerta' y el yonqui de 'Sa lto al vacío'. Son personajes especiales a los que les coges cariño. También el taxista de 'La ardilla roja'.
-¿Se aprende algo de las películas malas?
-Siempre digo que cuando una cosa está bien hecha no sé por qué está bien hecha. Sin embargo, cuando está mal hecha, sé el porqué. Yo no sé de qué actor bueno he aprendido, supongo que de muchos porque como somos esponjas, aunque sea inconscientemente, te quedas con algo. Pero sí sé que de los malos he aprendido mucho. Dices: '¡Ostia, eso así yo no lo haría nunca!'. Por lo tanto, he aprendido más de las películas malas que de las buenas.
El vértigo del teatro
-¿Dirigir le enseñó a actuar?
-Claro. Porque estás dirigiendo y, como actor que eres, ves que una persona está teniendo un pro blema que tú ya sufriste antes. Y, del mismo modo, te enfrentas a conflictos que nunca tuviste. Y cuando el actor lo resuelve, tú ya sabes cómo hacerlo si te pasa alguna vez.
-Pero dirigir cine no le dejó buen sabor de boca...
-El cine no, porque requiere mucho tiempo y sufres demasiado. No me han quedado ganas de dirigir películas.
-La crisis que estamos sufriendo, ¿cómo afecta a los artistas?
-Pues acabará de noquearnos y machacarnos.
-Los políticos, ¿ayudan o perjudican al cine español?
-Ni ayudan ni perjudican, se la sopla el cine español. Lo que sí hacen es ignorar sistemáticamente la realidad sociocultural de Euskalherria. Me da igual quién mande: el PNV, el PP, el PSE... ¿Dónde viven Imanol Uribe, Montxo Armendariz, Álex de la Iglesia, Julio Medem...? ¿Dónde vivimos todos? Es una gran diáspora. Y de todos estos, ¿a cuántos nos han ayudado y cuánto nos han dado? No, es todo harrijasotsailes, pelotaris... y con eso ya tenemos suficiente. Esa es la cultura del Gobierno vasco.