Existe una gran variedad de insectos cuya distribución varía según la zona geográfica. Las condiciones meteorológicas determinan la presencia de unos u otros. El calor y la humedad facilitan la proliferación de aquéllos en cuyo ciclo vital se incluye el desarrollo de larvas que necesitan de esas condiciones a la hora de poder adaptarse. El hombre ha modificado la presencia de determinada vegetación y eliminado animales que controlan su proliferación, con lo que sin querer ha ayudado a que estén presentes esos insectos que necesitan que haya un determinado tipo de planta y que no se enfrentan a enemigos encargados de mantener un equilibrio.
Algunas de esas circunstancias han dado lugar a la aparición de auténticas plagas, que han obligado al empleo de técnicas de erradicación y control mediante el empleo muchas veces de sustancias químicas, con las consecuentes molestias y riesgos para la salud.
Los problemas que los insectos acarrean a la salud vienen provocados por dos aspectos diferentes, las picaduras y la transmisión de enfermedades. Los insectos recurren a la picadura para alimentarse o como estrategia defensiva. Muchos pican al percibir una molestia o amenaza, empleando aguijones o mandíbulas. Los primeros son propios de los insectos voladores como la avispa o la abeja. Las abejas son abundantes en la primavera, mientras que durante el verano hacen acto de presencia especialmente las avispas.
El aguijón suele tener una bolsa con sustancias irritantes. En el caso de la avispa, el aguijón se mantiene intacto tras picar, mientras que las abejas lo dejan incrustado y lo pierden. Para otros animales, recurrir a la picadura requiere el empleo de mandíbulas, como sucede con las hormigas o las arañas. En estos casos puede producirse o no la inoculación de veneno, aunque si el insecto es grande, el mero mordisco puede suponer ya un problema importante. Por otro lado, cuando la picadura busca procurarse alimento, los mecanismos empleados por el insecto implican una inoculación y penetración a través de la piel y mucosas.
Transmisores de males
Es habitual encontrar estos elementos en insectos tan molestos como los mosquitos y tábanos. En estos casos se introduce un inoculador que perfora la capa externa de la piel y mucosa con el fin de conseguir llegar a las capas más internas, donde pueden acceder a la sangre procedente de pequeños vasos. En ese proceso se produce habitualmente la inoculación de alguna sustancia anticoagulante que facilite la presencia de sangre y su succión. El insecto consigue una cantidad de sangre que chupa y retiene a veces en cuestión de segundos.
Los insectos son capaces de transmitir enfermedades cuando hay parásitos o agentes microbiológicos que los incluyen dentro de su ciclo vital. En estos casos, se convierten en transmisores de enfermedades. A través de la picadura inoculan organismos en fase activa y madura que colonizan al sujeto.
Habitualmente, esos organismos han pasado por una fase de desarrollo o larva antes de infectar a los insectos. Para ello es necesario que existan unas condiciones idóneas, no sólo para el crecimiento y desarrollo del parásito o agente infeccioso, sino también del insecto. Puede producirse la transmisión entre personas infectadas, aunque no como parte de un ciclo de desarrollo.
A picotazo limpio
Las picaduras son sin duda uno de los problemas más molestos. Cuando son ocasionadas por un aguijón el dolor resulta no sólo de la propia lesión sino del veneno inoculado. La reacción producida no se limita sólo al punto del picotazo, sino que se extiende hacia las partes más cercanas. Las sustancias inoculadas tienen propiedades histaminérgicas que desencadenan una fuerte reacción inflamatoria, con lo que aumenta la llegada de sangre y favorece la aparición de edema. La intensidad de esa reacción dependerá de la cantidad de veneno inoculado, de la sensibilidad de cada persona a esas sustancias y de la zona en la que se haya producido.
Las picaduras ocasionadas por mordisco son también dolorosas, aunque la reacción resulta mucho más local, ya que no suele ir acompañada de sustancias venenosas o irritantes. Aun así, suelen ser importantes por el tipo de insecto que las ocasiona -normalmente de un tamaño mayor- y por el riesgo de infección que puede existir.
El riesgo teórico de transmisión de enfermedades se reduce a aquellas que pueden estar presentes en estas latitudes. Son enfermedades parasitarias, cuya dificultad radica en su diagnóstico, al no tratarse de unos procesos muy habituales. En el caso de sufrir un evento relacionado con la presencia de insectos se pueden seguir unas recomendaciones algunas de ellas conocidas. Si se ha sufrido una picadura por un insecto provisto de aguijón se debe tener especial cuidado a la hora de manipular la herida. El riesgo es mayor cuando ese aguijón ha quedado incrustado en la piel. Se debe evitar extraer ese aguijón mediante pinzas o cualquier instrumento que pueda presionar e inocular veneno. Se puede recurrir a utilizar una tarjeta o algo que raspando sin presionar acabe eliminando ese problema.
Respecto a la zona de la picadura, es importante lavarla bien para evitar al menos el riesgo de sufrir una infección. Conviene aplicar frío para reducir la reacción inflamatoria. Por supuesto, se pueden aplicar cremas o lociones que aporten corticoides, antiinflamatorios o antihistamínicos con el fin de reducir esa reacción inflamatoria. Esas sustancias ocasionan un alivio importante.