En plena crisis mundial por la subida del precio del petróleo y los alimentos, arrancó ayer la cumbre del G-8 en Hokkaido, al norte de Japón. Pero las demandas más críticas llegaron de la mano de siete naciones africanas para que los países ricos cumplan sus promesas de asistencia e impulsen el desarrollo de este continente empobrecido.
Los líderes del G-8 se reunieron ayer con los mandatarios de Etiopía, Argelia, Ghana, Nigeria, Senegal, Sudáfrica y Tanzania, durante una jornada muy lluviosa en la que siguieron llegando a Hokkaido primeros ministros y presidentes de numerosos países, entre ellos, el de México, Felipe Calderón.
«Todos los líderes africanos pusieron un énfasis absoluto en la necesidad de que se cumpla con los compromisos pasados en cuanto a la ayuda al desarrollo y a la salud», indicó un portavoz del Gobierno estadounidense.
Además de estas exigencias se instó al G-8 a que ejerza su liderazgo en las conversaciones entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y las economías del continente negro más debilitadas por los altos precios del crudo. No sólo esto, sino que insistieron en las dificultades que viven por la crisis alimentaria que, según el presidente del Banco Mundial (BM), Robert Zoellick, puede prolongarse hasta 2012 a causa, entre otros factores, de biocombustibles elaborados a partir del maíz y vegetales aceitosos.
Tres crisis
«No se necesitan más promesas», apuntó junto a él, en rueda de prensa conjunta, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, para quien el mundo afronta actualmente tres crisis: el cambio climático, las emergencias de desarrollo y la crisis alimentaria. Pero la agenda política del G-8 formada por EE UU, Japón, Canadá, Italia, Reino Unido, Rusia y Alemania se centró en la dictadura de Zimbabue y la crisis social que vive el país bajo el régimen de Robert Mugabe. En este sentido, la canciller germana, Angela Merkel, adelantó que su país no reconoce las últimas elecciones y respaldará la aprobación de nuevas sanciones contra el Gobierno de Zimbabue. El G-8 defiende unas restricciones distintas a las de la Unión Africana (UA).
Otro tema igual de controvertido y que fue motivo de algún que otro enfrentamiento fue la posible ampliación para incluir a las cinco economías emergentes: China, India, Brasil, México y Sudáfrica. Esta sugerencia defendida, entre otros, por Nicolas Sarkozy y Angela Merkel, desató el rechazo contundente de EE UU y Japón, que consideran innecesaria esta idea debido al creciente poderío chino.
Merkel no dudó en exponer la importancia de incluir en las conversaciones abiertas a China e India ante el creciente precio del petróleo. De hecho, la subida del coste del carburante y de alimentos son los dos temas claves del encuentro, unido al cambio climático y el escudo antimisiles. Este último asunto también provocó grandes discrepancias entre los presidentes de EE UU, George W. Bush, y Rusia, Vladímir Medvédev, al tratarse de uno de los históricos escollos entre ambos países.