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Una firma vasca patenta e instala el único sistema flexible para amortiguar los golpes con las biondas, que actúan como «cuchillas» en caso de accidente

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España empieza a proteger a los motoristas con 1.625 kilómetros de nuevos guardarraíles
Andrés Pérez Rubio fue campeón de España de 500 centímetros cúbicos en la primera mitad de los años 80. Una década después era un piloto ya retirado, maestro de nuevos deportistas y un motero cauto y seguro. Una mañana de diciembre de 1993, Pérez Rubio vivió su jornada más aciaga. Había parado a desayunar junto a sus compañeros de ruta en un hotel de San Sebastián de los Reyes, en Madrid. Al reanudar la marcha hacia el circuito del Jarama, donde iba a impartir clases de pilotaje, un fallo mecánico en su Yamaha le llevó al suelo. Salió despedido y se golpeó brutalmente contra los guardarraíles de la autovía. Sus brazos quedaron seccionados a la altura del codo.
El accidente de Pérez Rubio tuvo una enorme repercusión en España por el valiente comportamiento del piloto, que tuvo la sangre fría de ordenar a los primeros conductores que le atendieron que recogieran sus manos seccionadas y las pusieran en hielo. Gracias a ello, y a una colosal operación de microcirugía de 18 horas en una clínica de Madrid, hoy puede hacer vida normal, volver a montar en moto -«uso una pequeña para moverme por la ciudad»- y manejar sus extremidades. «Si entonces hubieran existido los sistemas de protección que se empiezan a colocar ahora, habría podido ir a casa por mi propio pie», narró el viernes a EL CORREO desde su negocio de la capital.
El caso de Pérez Rubio desveló para toda España lo que hasta entonces sólo era conocido en el mundo de las motos. Puso de evidencia que los guardarraíles clásicos, las biondas ancladas en sujeciones de metal con aristas metálicas, actúan «como cuchillas» sobre el motorista que se ve despedido hacia ellas. «Sólo están pensadas para los vehículos de cuatro ruedas», afirman los portavoces de las asociaciones moteras. «Su sustitución es urgente en todos los tramos de vía donde se concentran los accidentes. Nos siegan la vida», advierten. En general, se estima que el 15% de los motoristas fallecidos cada año muere a consecuencia del impacto contra el guardarraíl y, por tanto, podría salvar la vida si el golpe fuera contra un elemento menos rígido y «sin ese 'efecto guillotina'».
España ha dado un salto en pocos años en este cometido. El Ministerio de Fomento ha comenzado a aplicar un plan que pretende renovar en los próximos dos años cerca de 1.625 kilómetros de guardarraíles en la red de carreteras del Estado, más de 500 en autovías y cerca de un millar en carreteras convencionales, donde se producen la mayor parte de los accidentes.
«Es un paso muy importante», valora Juan Manuel Reyes, del colectivo Mutua Motera, quien apunta que un segundo plan ahora en fase de elaboración permitirá elevar esta cifra a 3.200 kilómetros en los ejercicios venideros, con un desembolso superior a los 43 millones de euros. «La apuesta del Gobierno es de agradecer, hemos pasado de estar a la cola en Europa a ser punteros», agrega Pérez Rubio. Pero debe ir acompañada, como en parte lo está siendo, por la actuación de las administraciones regionales y provinciales, dado que Fomento es titular únicamente de 25.000 de los más de 165.000 kilómetros de carreteras en todo el país.
En Euskadi, el impulso aún es relativo y los sistemas de protección de motoristas apenas se han implantado en unos 40 kilómetros de la red viaria de titularidad foral. Guipúzcoa está a la cabeza, con más de la mitad. En Vizcaya se han desarrollado varias experiencias mientras en Álava apenas se han sustituido los guardarraíles en dos puntos de la red. En los tres territorios existen planes para ampliar esta política en los próximos años en todas las carreteras de nueva construcción y en los tramos más peligrosos de las vías actuales.
Sistemas homologados
Una empresa vasca, precisamente, ha logrado introducirse con éxito en el mercado de los guardarraíles seguros con un diseño innovador que ya ha comenzado a instalar en Madrid -donde ha recibido un pedido para más de 80 kilómetros-, Huesca, Asturias, Alicante y Granada, entre otras provincias españolas y un buen ramillete de países europeos y de otros continentes. El modelo, bautizado Basyc y creado por la firma vitoriana Cegasa Internacional, consiste en una malla de un material textil especial que se coloca bajo la bionda estándar.
El faldón logra absorber el impacto y evita en todo momento que el motorista se golpee contra los postes o contra las partes metálicas del guardarraíl, lo que «minimiza de forma muy importante la lesividad del choque», indica Iñaki Madina, uno de los responsables técnicos de la división de tráfico del grupo vasco. «Hemos podido comprobarlo en el tramo que hemos instalado recientemente en la A-1, en El Molar, en Madrid. Un motorista salió despedido contra el guardarraíl. Con las vallas anteriores, es probable que se hubiera matado o sufrido serias heridas. Con nuestro sistema, las lesiones fueron las típicas por haber rodado por el asfalto».
Basyc es uno de los tres sistemas homologados en España como métodos de protección para motoristas. El segundo lo comercializa la firma asturiana Hiasa. Se diferencian en que, mientras éste se compone de un faldón rígido que también protege de los postes, la patente vasca es flexible. «Es mucho menos agresivo en caso de impacto y evita que el motorista rebote y acabe en el centro de la carretera, lo cual también sería un serio peligro», indican sus desarrolladores. El de Hiasa, sin embargo, también tiene buenas críticas entre el colectivo motero, que ve en ambos una aportación para acabar con las actuales «biondas asesinas».
El tercer sistema de protección es un guardarraíl también de faldón rígido diseñado por el Ministerio de Fomento bajo patente libre, por lo que cualquier empresa puede construirlo y comercializarlo. Todos ellos se han testado en el único laboratorio específico que existe en España, el Cidaut de Valladolid y pugnan ahora por un mercado -nacional e internacional- cada vez más importante. «Va a crecer de forma exponencial, porque es un clamor. No se puede seguir desatendiendo esta reivindicación de los motoristas, porque se juegan la vida», zanja Andrés Pérez Rubio, el valiente campeón.
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