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Su exhibición de juego en el partido contra Andy Murray señaló que peligra el reino extraordinario de su gran rival, el suizo Roger Federer

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Esta vez el favorito es Nadal
Nadal juega hoy su tercera final contra Federer. / AFP
Si Rafael Nadal gana esta tarde a Roger Federer en la pista central de Wimbledon, el español no será, según los ránkings, el tenista número uno del mundo, pero una de las contiendas más interesantes en la historia del tenis, hasta ahora siguiendo pautas casi predecibles en función de si se juega en tierra batida o en hierba, habrá cambiado de apariencia.
Basta ver el palmarés de Wimbledon para comprender que hay jugadores que dominan períodos largos de la competición. Bjorn Borg y Pete Sampras acumularon victorias consecutivas, cinco el primero, tres y cuatro el segundo, que, como las cinco de Federer, marcan la hegemonía de un tenista sobre todos sus rivales. Lo que está ocurriendo ahora tiene algún paralelismo con el final del período de dominio de Borg. El joven John McEnroe, que ganaría tres veces en Wimbledon, se interpuso en el camino del sueco y acabó con él en un partido memorable. Borg anunció su retirada, abriendo un tiempo de finales más abiertas.
No es probable que Federer anuncie su retirada si hoy pierde contra Nadal, porque sus compromisos con los patrocinadores y sus propias declaraciones indican que el mejor tenista de la historia -quien lo dice es el propio Nadal- tiene intención de seguir jugando mucho tiempo. Va a cumplir 27 años. Pero si pierde hoy se confirmará una de las teorías que han recorrido el circuito internacional tras la derrota en semifinales del Abierto de Australia y la apabullante victoria de Nadal en la final de París: que Federer no es el que era o que los jóvenes tenistas han mejorado y están retando la hegemonía del suizo.
Los datos de esa hegemonía son extraordinarios: doce títulos de Gran Slam, 64 partidos seguidos sin perder en pistas de hierba -si gana hoy iguala a Borg en 41 victorias consecutivas en el torneo-, sexta final consecutiva en Wimbledon -sólo lo hizo antes William Renshaw en el siglo XIX- y llega, también por sexta vez, sin perder un set.
Esas cifras sitúan a Federer como favorito histórico, pero, sin embargo, este año todo el mundo se pregunta por lo que ocurrirá en el circuito internacional del tenis si gana Nadal. A favor de él está la tendencia de los dos últimos años. En su primera final contra el suizo no fue un rival serio. En la segunda, lo llevó a los cinco sets, el único que lo ha hecho.
Y a favor de Nadal en esta tercera final está también el sobrecogimiento que recorrió la pista central, el pasado miércoles, cuando se enfrentó en cuartos de final con el escocés Andy Murray. El mallorquín ya había llegado allí con menos dificultad que el pasado año, donde dos veces tuvo que jugar el quinto set. Esta vez, sólo el joven y excelente letón Ernests Gulbis le ganó un set, en la segunda ronda. Murray había dicho en víspera de su partido que conocía la manera de ganar a Nadal. Jo-Wilfried Tsonga lo habría mostrado en las semifinales de Australia, explicó: «Es importante servir bien, ser agresivo, no darle la oportunidad de dictar el peloteo, ése es el plan para jugar contra él».
Movimiento de brazo
Tras el partido, Murray fue honesto sobre lo que había ocurrido: «En el pasado, cuando he jugado contra él, tenía alguna oportunidad de dictar el peloteo, porque liftaba la bola alta sobre la red y botaba un poco, pero ahora la golpea tan cerca de la línea, tan fuerte, que me resultaba difícil coger ritmo. Me sentí acorralado en cada punto. Es asombrosa la rapidez de su movimiento de brazo y cuánto control consigue».
Cuando a Murray le preguntaron si el Nadal que acababa de arrollarle podía batir a Federer, respondió: «Creo que tiene muchas posibilidades. El año pasado estuvo muy cerca y creo que ahora está jugando mejor». Al ruso Marat Safin, que perdió en semifinales contra Federer, le preguntaron también por su favorito: «Es muy difícil pronosticar esta vez. Me encantaría verlo porque va a ser muy duro. Nadal está jugando demasiado bien. Veremos cómo empieza Roger el partido».
No es orgullo local, la ilusión de ver al chico de Manacor rememorar la victoria de Manuel Santana en 1966 y la transición de Borg desde la tierra batida de París a la hierba de Londres, inédita desde 1980. Es que quienes vieron la exhibición de agresividad, potencia y precisión de Rafael Nadal, el pasado miércoles, en la pista central, salieron convencidos de que con ese juego puede arrollar al extraordinario Roger Federer en Londres, como ya hizo en París.
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