Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Sociedad

SOCIEDAD

Academias y profesores particulares son sólo una solución coyuntural a los 'cates'
05.07.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Vacaciones en suspenso
Querer solucionar en un mes lo que no se ha sabido hacer en un curso es un mal planteamiento.
Las familias que cuentan en su seno con niños y adolescentes se dividen estos meses en dos grupos: aquellas a las que han llegado los 'cates', los temidos suspensos, y las afortunadas que no han sufrido con las notas en rojo. Algunos profundamente decepcionados, otros más resignados a su suerte, muchos progenitores volvieron a torcer el gesto a finales de junio cuando se enfrentaron a la lectura de las calificaciones académicas de sus hijos. Los suspensos, hoy igual que ayer, forman parte de la vida de padres e hijos y son el desencadenante de múltiples discusiones familiares. Pero como en esta sociedad de consumo no puede haber problema sin rápida solución, siempre -a poder ser- dinero mediante y relegando el esfuerzo personal, la responsabilidad y la tenacidad a un segundo plano, las clases particulares se convierten en remedio tan recurrente como necesario. Porque padres y madres, faltaba más, lo pondrán todo de su parte, y hablamos sobre todo de dinero y de ánimo, para que el rendimiento escolar de sus hijos mejore.
Uno de cada 8 alumnos de Primaria y uno de cada cinco de Secundaria reciben en España ayuda de un profesor particular o acuden a una academia para reforzar sus conocimientos, con lo que aportan ingresos a un sector creciente que factura cada año más de 300 millones de euros en nuestro país. Sin embargo, conviene recordar que las clases particulares son un medio, no un fin. En otras palabras, no es aconsejable convertir una solución extraordinaria y coyuntural para resolver un problema en una rutina, en una ampliación de un horario lectivo que está diseñado para que se aprenda lo necesario sin refuerzos ajenos a lo que se imparte en el aula.
Si los alumnos no atienden o no se aplican en clase o no se esfuerzan lo suficiente en la tarea que se llevan cada día a casa, la solución más eficaz no es la del profesor particular; puede ser la salida más fácil o más convencional para los padres, pero no es necesariamente la mejor. Porque si los alumnos han de cambiar de actitud -en clase y en casa- ante los estudios, si han de asumir su responsabilidad como estudiantes, nada hace pensar que lo vayan a hacer porque un profesor les repita lo que han pasado de escuchar e intentar comprender en clase. Además, el horario escolar, los deberes para casa y las actividades extraescolares conforman en la cotidianeidad de algunos niños y jóvenes una agenda saturada que apenas admite más tareas.
Lo que hay que conseguir es que aprovechen más el tiempo lectivo, y no dilatarlo. Si el objetivo (aprobar asignaturas 'hueso' como matemáticas, física y química o idiomas) se cumple, la necesidad del apoyo extra desaparece. Cosa distinta es que se pretenda reforzar de modo permanente el segundo o tercer idioma o la informática, hasta incluso superar las exigencias del curso lectivo, pero aun en estos casos debería evitarse incluir estas clases extra en la rutina de niños y adolescentes.
¿CUÁNDO SON CONVENIENTES LAS CLASES DE REFUERZO?
1.-Cuando el alumno manifieste un retraso importante en el aprendizaje de alguna materia.
2.-Cuando se aprecie una dificultad especial para aprender y perfeccionar la lectura y escritura debido a un trastorno de aprendizaje como la dislexia.
3.-Si se observan en actitudes negativas hacia el estudio, como apatía, indisciplina y desorden.
4.-Cuando se sufre una situación de grave desgaste familiar consecuencia de esos malos resultados académicos
¿EN CASA O EN LA ACADEMIA?
Cuando lo que se pretende es reforzar o ampliar los conocimientos de una asignatura, las clases grupales pueden ser una buena opción, ya que la interacción con otros alumnos favorece el intercambio de conocimientos. Ahora bien, si se envía al alumno a una academia, se deben conocer los métodos que se siguen en ella, sus índices de éxito, la satisfacción de los estudiantes, el número de alumnos en clase y, claro está, la cualificación de los profesores. Si el alumno lleva un retraso significativo en la materia, las cosas cambian y las clases individuales son normalmente más efectivas: el profesor se puede centrar de manera específica en sus dificultades.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS