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Final de Wimbledon Nadal-Federer, un clásico

El suizo y el español pasaron las semifinales en una jornada decepcionante por la facilidad de las victorias
05.07.08 -

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Wimbledon tendrá por tercera vez la misma final después de que Roger Federer y Rafael Nadal lograsen ayer cómodas victorias en tres sets en las semifinales del torneo. Será la primera vez en la historia que dos finalistas -con el suizo acumulando sendas victorias- repiten en tres ediciones consecutivas. La jornada de las semifinales masculinas decepcionó porque el torneo perdió tantos cabezas de serie en las primeras rondas que ofrecía como trampolín de la final dos partidos en los que la sorpresa era próxima a lo inconcebible. Ambas semifinales confirmaron el pronóstico.
Tuvo que pasar media hora para que la pista central pretendiera el ambiente propio de una semifinal. Federer rompió el primer servicio de Marat Safin y el set avanzó con el ritmo frío y sereno del juego del suizo, con cada tenista manteniendo su servicio. Federer ganó 6-3 su decimosexta manga consecutiva en Wimbledon. La presencia de Safin en la semifinal era imprevista. Un tenista que parecía haberse entregado a los placeres de la vida no lograba resucitar su carrera a pesar de su trabajo más intenso en las pistas de entrenamiento en los últimos meses, pero su victoria en la segunda ronda contra Novak Djokovic cambió la percepción.
Feliciano López pudo ganarle en cuartos. ¿Podría sorprender a Federer y pasar a una final tres años después del Abierto de Australia? Nunca pareció posible. En el segundo set, con empate a dos, amagó con retar la corona de Federer. Estuvo 30-40, tuvo ventaja tras el 'deuce', pero no ajustó los golpes imprescindibles.
Antes de perder el desempate del segundo set, el ruso permitió al menos que llegase la risa a la pista central de Wimbledon, pidiendo un ojo de halcón por una pelota que se había ido 40 centímetros. El partido estaba sentenciado y a su fin llegaba Safin provocando risas o dando raquetazos de rabia a su silla.
En el tercer set, Federer dio una bola bajo pierna, otra por detrás de la espalda. Ganó 6-4 un partido en el que refrescó su mejor imagen, El ballet de sus pies es inigualable en su capacidad de aparentar facilidad para ponerse para el golpe; la precisión y variedad de sus golpes, extraordinaria.
El peor Nadal
Su rival será un Rafael Nadal que jugó ayer el peor partido de su camino a la final. Y pareció una consecuencia de la facilidad con la que ganó el primer set, que de nuevo se jugó en un ambiente frío, posiblemente de decepción, en la pista central, que supo desde los primeros compases que sólo podía haber un ganador. El alemán Reiner Schuettler estuvo dudando sobre su retirada en los primeros meses de la temporada. Una cadena de lesiones llevó a pensar a un tenista de 31 años, cuyo mejor resultado en los Gran Slam fue ser finalista del Abierto de Australia en 2003, que su cuerpo no aguantaba más castigo.
Se encontró en la semifinal tras una sorprendente victoria contra James Blake en segunda ronda y un partido épico -duró cinco horas- contra Arnaud Clement, en los cuartos de final. Invitó a sus padres al palco de Wimbledon y ellos se resistían, le decían que mejor lo veían por televisión en casa. Iba a salir a la pista a disfrutar, según decía, pero, en el primer set, se rondó la humillación, porque no parecía tener armas con las que contener el asedio de Nadal. Sin embargo, tras el 6-1 en 23 minutos, el español se desdibujó y el alemán empezó a sentirse más cómodo y relajado en la pista.
Rompió el servicio de Nadal en 1-1 y a éste le costó recuperarlo. Pero el manacorí ganó el desempate del set y de nuevo el tercero, 6-4. Para hacerse una idea de que este Nadal no era el mismo que el que arrolló a Andy Murray en cuartos, basta saber que, con 5-3 a favor y 0-40 sobre el servicio de Schuettler, perdió el juego. Fue un problema de ansiedad, la convicción de que pasaría a la final quizás le llevó a pensar más en el futuro que en el presente; un problema de relajación ante un rival que parecía ya entregado. A Nadal le faltó agresividad y precisión. Pero todo el mundo salió de Wimbledon convencido de que apostar contra él en la final del domingo sería una temeridad.
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