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Vizcaya

DE CUANDO EN CUANDO

04.07.08 -

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E l amigo Pedro M. es un asiduo de esta tertulia que suele enviarme sus teorías sobre los jóvenes de hoy, sus usos, sus costumbres y sus atuendos. No todos, naturalmente, porque ya me dice que también los hay más normales. Mi comunicante se refiere a los que siguen las modas audaces.
Creo que de ello ya se ha hablado en esta tertulia, pero no sirve de nada ir contra corriente. Afortunadamente, no todos siguen las modas estrafalarias en el vestir ni esos usos audaces en sus relaciones sentimentales. Lo digo con conocimiento de causa porque tengo nietos que han pasado por esa etapa (o están aún en ella) y aunque me sorprende a veces ver sus atuendos y sus pelos, se mantienen dentro de una línea renovadora pero prudente.
No todos lucen adornos capìlares con el pelo recortado en forma de tortilla o de coleta estilo pájaro-loco. Y tampoco todos exhiben esos pantalones tipo 'zepelín' con la culera al nivel de las rodillas y llenos de cintas colgantes o de agujeros.
Cada época tienen sus usos y si hoy un jovenzuelo de 16 años acudiese a clase como íbamos nosotros con traje y corbata resultaría tan ridículo como si un estudiante de mis tiempos se presentara en clase con coleta y unos pantalones vaqueros con la bragueta en las rodillas.
En lo que estoy de acuerdo con usted, amigo Pedro, es en los signos externos sentimentales. Entiendo que las parejas sientan un amor incontenible y hasta volcánico, porque también nosotros lo sentimos en nuestros años mozos. Pero teníamos además otros sentimientos, como el del pudor y el respeto, por ejemplo, que nos ayudaban a evitar el espectáculo público (incluso yo añadiría que ridículo) de las morretadas estáticas tipo tornillo.
Pero después de exponer su punto de vista y el mío, amigo Pedro M., considero que es justo añadir un interrogante. Si volviéramos hoy a ser jóvenes y enamorados, ¿no haríamos nosotros algo similar? Como dicen los castizos, ahí está la madre del cordero.
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