La noticia de la imputación de un agente en un caso de extorsión a un hostelero corrió ayer como la pólvora por la comisaría de Garellano. El caso se estaba llevando con absoluta discreción y para la inmensa mayoría era algo totalmente desconocido. «Nos hemos enterado por vuestro periódico», reconocieron varios policías. El jefe de la Unidad de Investigación de Delitos en persona había puesto mucho celo en que las pesquisas se desarrollaran en secreto para que el asunto no saliera a la luz. Y, más que por el hecho en sí, el caso ha supuesto una «mayúscula sorpresa» por quién ha sido el funcionario implicado.
«No me puedo creer que sea él». Luis lleva casi una década en el servicio y confiesa que «admiraba» la profesionalidad del hoy sospechoso. «Cuando llegué aquí me fijé especialmente en cómo trabajaba. Para muchos jóvenes era un ejemplo a seguir», reconoce. Educado y, al mismo tiempo, «campechano», las personas de su entorno le definen como un «chico sano, deportista y valiente».
Destinado durante muchos años en la Unidad de Tráfico, tiene una hoja de servicios brillante, trufada de «acciones heroicas», según reconoce otro de sus compañeros. Algo que corroboró ayer el propio concejal de Seguridad Ciudadana, Eduardo Maiz: «No tenía ningún tipo de medida disciplinaria abierta; es más, lleva 20 años con nosotros y ha participado en algunas actuaciones destacadas».
El 13 de octubre de 1997 protagonizó una de ellas. Aquella tarde, ETA asesinó al ertzaina Txema Agirre en los aledaños del museo Guggenheim, poco antes de su inauguración, cuando la víctima trató de identificar a tres terroristas que preparaban un atentado con granadas junto a 'Puppy'. Tras disparar contra el agente, los miembros de la banda emprendieron una desbocada huida por las calles de Bilbao. El policía local ahora imputado en el caso de extorsión tuvo un papel activo en el operativo que dio caza a uno de los integrantes del comando.
«Una vida salvada»
Varios años después, recuerda uno de sus compañeros, el sospechoso salvó la vida a una persona que había sufrido un grave accidente de tráfico. «Si no llega a actuar con celeridad y diligencia, allí se queda el herido». Persecuciones a delincuentes y evacuaciones de viviendas por incendios completan un historial «brillante», en el que figuran media docena de felicitaciones del actual alcalde, Iñaki Azkuna.
Su admirada trayectoria se corta en seco hace «unos cinco años». «No sabemos por qué, pero comienza a tener problemas de adicción con las drogas». Ingresó en un centro de desintoxicación y, cuando ya parecía recuperado, «ha llegado este terrible mazazo».