Calma, prudencia y pocas elucubraciones sobre el futuro. Ése es el resumen de la asamblea nacional extraordinaria que ayer celebró el PNV en Sabin Etxea, seis días después de la aprobación de la ley de convocatoria de la consulta del 25 de octubre abanderada por el lehendakari Juan José Ibarretxe. Aunque el análisis de la situación política tras el visto bueno del Parlamento vasco al plebiscito era el principal asunto del orden del día, paradójicamente su promotor renunció a tomar la palabra ante el máximo órgano representativo de la militancia jeltzale, que, además, hizo balance de la presentación de su proyecto 'Think Gaur' y comenzó a avanzar en los preparativos del próximo Alderdi Eguna, que espera sea otra exhibición de «fortaleza».
Ibarretxe asistió al cónclave pero, según las fuentes consultadas por este periódico entre los asistentes, no intervino. Cedió todo el protagonismo de la cita al presidente del EBB, Iñigo Urkullu, un gesto en absoluto baladí, que se interpreta como un reconocimiento implícito del ascendiente del líder peneuvista para no poner en riesgo la frágil cohesión interna, en un momento en el que todos en el PNV dan por hecho que es el jefe del Ejecutivo vasco quien se ha hecho con las riendas.
También es significativo, apuntan estos medios, el silencio de la militancia, que prefirió no plantear sus dudas e inquietudes respecto al pantanoso escenario preelectoral y de choque de soberanías que se le presenta al PNV. La preocupación por la posible pérdida del poder en los próximos comicios autonómicos y por lograr dar una respuesta equilibrada a la eventual prohibición judicial de la consulta es patente entre los cuadros jeltzales y en la propia dirección, pero ayer no quedó reflejada en la asamblea. Muy probablemente, según interpretan en el propio PNV, para no «abrir el melón» de un debate sumamente espinoso que el partido no quiere suscitar bajo ningún concepto en aras de la unidad al menos hasta que se hayan celebrado las autonómicas.
Urkullu -que habló durante más de una hora, la mayor parte del tiempo en euskera- lanzó un doble mensaje a la militancia. Por un lado, un llamamiento a la tranquilidad al considerar que la aprobación de la consulta es «el mejor escenario» para sus intereses -lo contrario hubiese precipitado un indeseado adelanto electoral- y, por otro, la cara amarga de esa, en teoría, favorable situación. El mal trago, según explicó el líder del EBB, no es otro que el apoyo envenenado de uno de los nueve representantes de EHAK, que admitió preocupante para el PNV. Urkullu enfatizó la importancia de «no minusvalorar» el gesto de la izquierda abertzale, porque no es un respaldo real y porque, según recordó, el mundo radical carece de autonomía propia y construyó su durísimo discurso anti-PNV siguiendo instrucciones del entorno etarra.
Respecto a la posible respuesta al Constitucional, Urkullu recalcó que «hay tiempo» y, en sintonía con las pocas prisas de Ibarretxe -que ni siquiera ha publicado aún la ley en el Boletín Oficial del País Vasco-, eludió aventurar sus próximos movimientos.