El rescate de quince secuestrados deja maltrechas a las FARC, que viven su peor año. Este nuevo golpe oscurece el futuro de la guerrilla y hace temer entre quienes todavía tienen familiares cautivos duras represalias de los terroristas tras haber sido burlados por la 'Operación Jaque', realizada mediante la estrategia del caballo de Troya y que ha supuesto uno de los mayores éxitos del Ejército colombiano, que ya adelanta el «principio del fin».
Las FARC, dirigidas por 'Alfonso Cano', no se ha pronunciado todavía sobre el batacazo sufrido. Entre los analistas existe división sobre lo que sucederá a partir de ahora. Algunos estiman que reforzarán la vigilancia de los veintiséis 'canjeables' -veintitrés militares y tres civiles dirigentes políticos- que todavía tienen en su poder. Y tampoco descartan que intenten otros secuestros llamativos, aunque según los servicios de inteligencia están militar y moralmente mermadas.
Marleny Orjuela, presidenta de la asociación de familiares de los secuestrados Asfamipaz, destacó que «nos preocupan muchísimo los que quedan. Un rescate a sangre y fuego significaría la muerte para ellos». El diario 'El Tiempo', que citaba a un oficial de inteligencia, recogía que «endurecerán la seguridad de los rehenes. Y también vendrán los ajusticiamientos. Si allá fusilan por robarle la ración a otro, imagínese lo que les harán por haberse dejado engañar por nuestros infiltrados».
Otros expertos prevén el castigo, incluso la ejecución, de rebeldes a causa del éxito de la incursión de las Fuerzas Armadas, una medida radical con la que pretenderían desanimar la deserción masiva de mandos medios.
Sin embargo, Ingrid Betancourt, sus hijos, el canciller francés y otros observadores de la organización armada, como Carlos Lozano, confían en que el conflicto entre sólo en derroteros políticos. «Las FARC se tienen que abrir y ceder. Si no lo hacen, más que un error sería un estupidez», dijo Lozano.
El comandante del Ejército, el general Freddy Padilla, reconoció que la infiltración en las filas de la guerrilla comenzó hace un año, pero que su debilitamiento de los últimos meses fue lo que propició el éxito de la operación. La política de mano dura y seguridad democrática y las recompensas millonarias impulsadas por Álvaro Uribe han ido dando frutos. El cerco militar y policial ha arrinconado a las FARC.
De los 17.000 miembros de la guerrilla que había en los años boyantes del despeje militar de San Vicente del Caguán durante el Gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), apenas quedan 8.000, según Bogotá. Ex rehenes dan cuenta de dificultades logísticas para el abastecimiento y para las comunicaciones entre el secretariado de las FARC. También los desertores que se acogen a la reinserción abonan la tesis de que la guerrilla está muy debilitada. Las recompensas han fomentado las deserciones y según 'El Tiempo', se cocinan en secreto otras entregas de jefes de columnas.