El guión de la rocambolesca liberación de los rehenes parecía escrito por Hollywood a la medida de un candidato presidencial necesitado de golpes de efecto, John McCain, al que el Gobierno de Álvaro Uribe informó detalladamente la noche antes. Detrás está la Casa Blanca, que ha reconocido haber participado en la planificación y haber proporcionado «apoyo específico».
La Administración Bush fue parca al explicar su aportación, pero se sabe que el embajador en Bogotá, William Brownfield, y el almirante James Stavridis, que comanda la región, estuvieron «involucrados en los estados de planificación», dijo el portavoz adjunto de Washington, Gordon Johndroe. «Ha sido un operativo concebido por Colombia, pero nosotros hemos apoyado», especificó. En declaraciones al periodista televisivo Larry King, Brownfield explicó que habían intercambiado ideas y discutido los escenarios que podían salir mal.
Los tres rehenes norteamericanos, en manos de la guerrilla desde hace cinco años, volvieron a casa en vísperas del 4 de Julio, Día de la Independencia estadounidense, justo a tiempo para que sean desparasitados en una base militar de San Antonio, en Texas, antes de agitar hoy la banderita de barras y estrellas durante los fuegos artificiales de la fiesta patria.
Fueron capturados en la selva cuando su avión se estrelló durante un operativo antinarcóticos. Un cuarto norteamericano murió a manos de la guerrilla. «Lo primero que quiero decirle cuando le vea es cuánto le he echado de menos, tocarle, abrazarle y oír su voz», contó a la CNN George Gonsalves, hermano de Mar Gonsalves.
El 'tempo' adecuado
El 'tempo' no podía estar mejor coreografiado. La operación de rescate coincidió a la perfección con la visita de McCain, otro héroe que pasó cinco años como prisionero en un campo de concentración de Vietnam, que recibió más información que el propio Nicolás Sarkozy, presidente de la liberada Ingrid Betancourt. «Uribe y el ministro de Defensa nos dieron un 'briefing' sobre las operaciones que iban a ocurrir», dijo McCain en un comunicado de tono presidencial que le hacía sonar como el nuevo comandante en jefe. «Hoy (por ayer) he hablado por teléfono con Uribe, que me ha contado los detalles del dramático rescate».
El candidato republicano ha resultado ser el mejor amigo de Uribe en la campaña electoral. El presidente colombiano busca con insistencia un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que, si bien ha obtenido el beneplácito de George W. Bush, se ha topado con la oposición del Congreso, de mayoría demócrata, y la de los candidatos presidenciales, que en campaña no pueden dar la idea de que exportarán puestos de trabajo a Latinoamérica en plena crisis.