Vestido con la camiseta roja de la selección, ufano paseante por el 'paddock' de la Fórmula 1 con el título de la Eurocopa en el recuerdo inmediato, orgulloso español ante la colonia mundial de ingleses, alemanes, italianos, japoneses, cualquiera diría que Fernando Alonso se encuentra ante el momento clave de su temporada. La bola de partido que él mismo concede a su Renault.
Hace un mes, con el murmullo de la Eurocopa brotando en los tímpanos, sin más entusiasmo que la esperanza testimonial del abandonado a su suerte, Alonso se sentó a desayunar en el campamento de Renault en el puerto de Mónaco con la camiseta de la selección española que le había regalado Iker Casillas.
Fue en el resguardo de la privacidad, mientras veía unos entrenamientos de GP2, y fue sobre todo breve. Cuestión de minutos. Salió de su camerino con la 'roja', enseñó su pasión por el fútbol y por su país, y bromeó con los presentes. «Me la pongo ahora por si no me la puedo volver a poner. Al menos hasta cuartos de final».
En el último gran premio, en Francia, en el día previo a los cuartos de final entre España e Italia, un periodista italiano formuló la pregunta de rigor a Alonso en rueda de Prensa internacional. ¿Quiénes son los mejores de cada equipo? Y el asturiano enseñó su veta irreductible, esa que le empuja a intentar ganar en todo. «Pirlo, en Italia, pero que no juega (estaba sancionado). Como si no estuviera. Y Casillas, en España, pero como no va a tener trabajo ante Italia, estará fresco para semifinales».
Aquel domingo Alonso viajó en avión privado desde un aeródromo cercano a Magny-Cours hasta Ginebra. Llegó a tiempo de presenciar los penaltis que llevaron a España a las semifinales de la Eurocopa. No pudo acudir a Viena para el partido contra Rusia, pero sí ocupó plaza en el palco en la final ante los alemanes. Y vibró como lo que es, un hincha más.
Ayer, enfundado en la misma camiseta roja que lució en Mónaco, Alonso se dio el gustazo de presumir de país moderno, el gol de Torres y la Copa.
Honda le quiere
Siempre el rojo pasión, que en Fórmula 1 es Ferrari. Ross Brawn es el antiguo gurú de la escudería italiana, la mano izquierda sobre la que reposaron los títulos mundiales de Michael Schumacher en la época dorada del 'cavallino'. Una autoridad en la F-1 que fue rescatado de las vacaciones por Honda a golpe de talonario. Apenas habla, pero cuando lo hace, el 'paddock' escucha.
Alonso concedió dos bolas de partido al R28: Francia e Inglaterra. Si el coche no mejora, mejor que Renault piense en el bólido de 2009, dijo a sus jefes. Está por ver cuál es la decisión de Briatore y sus colaboradores, pero si el monoplaza no funciona en Silverstone, Alonso da por perdido el año. Y se abre el melón de su futuro.
Brawn, patrón supremo de Honda, ha dado el pistoletazo de salida. «Estamos contentos con nuestros pilotos (Button y Barrichello), pero interesados en saber qué hará Fernando. Es un gran campeón, y si no se queda en Renault todos los equipos estaremos interesados en él». Brawn dio más pistas ayer. «Los dos únicos equipos consistentes para los próximos cinco años son Ferrari y McLaren. Supongo que en McLaren no le invitarán a que vuelva, y creo que él empujará fuerte por ir a Ferrari. Y no veo clara la situación en Ferrari. Massa tiene contrato hasta 2010 y está haciendo buen campeonato. Kimi, lo mismo (contrato hasta final de 2009), pero puede levantarse un día y decir que lo deja. Es así».