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El arrantzale de Gernika partió ayer hacia el Índico para embarcar de nuevo en el atunero bermeano 'Playa de Bakio', dos meses después del secuestro a manos de un grupo de piratas

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Gotzon Klemos vuelve a Somalia
Klemos juega la última partida a cartas con sus amigos de Gernika antes de embarcar. /BORJA AGUDO
Vuelta a la mar. Gotzon Klemos partió ayer del aeropuerto de Loiu hacia el Índico para embarcar de nuevo en el 'Playa de Bakio', el atunero bermeano en el que permaneció secuestrado junto a sus compañeros durante seis interminables días, a manos de un grupo de piratas somalíes. Este arrantzale de Gernika es el único de los cinco tripulantes vascos que padecieron aquella experiencia y que regresa, al menos de momento, al buque en el que sufrieron «la peor pesadilla» de su vidas. La vida del resto navega ahora por otras rutas.
Juan Pedro Sesma, de Lekeitio, se ha visto obligado a aplazar su regreso por la necesidad de seguir un delicado tratamiento médico. «La salud siempre se resiente cuando vives experiencias tan duras. Llegué tocado y ahora no puedo embarcar de inmediato», señala. En parecida situación se encuentra su compañero guipuzcoano Jaime Candamil, uno de los más afectados anímicamente. El frágil estado de salud de su padre se vio agravado por la angustia que padeció durante el cautiverio del atunero bermeano. Desde su llegada a Pasaia, Candamil acude diariamente al centro hospitalario donde su progenitor permanece ingresado para seguir de cerca su evolución. Esta situación familiar ha condicionado el regreso del marinero que, de momento, ha preferido quedarse en tierra.
Por el contrario, el benjamín de la tripulación del 'Playa de Bakio', Mikel Arana, ha sido el primero en regresar a la actividad. Embarcó en un atunero de otra empresa a primeros de semana, mientras el lekeitiarra Iñaki López también ha decido prolongar su estancia en la villa costera para disfrutar de las vacaciones estivales.
Las vidas de todos ellos, pese a que intentan afrontar el día a día como si nada hubiera pasado, han quedado marcadas, de una u otra manera, por aquel suceso. La víspera de su partida, el martes, Klemos apenas varió sus costumbres. Acudió como cada tarde al bar Madariaga de la villa foral para jugar su habitual partida de cartas con la cuadrilla. «Venga, vamos a echar la última por una larga temporada», se lamentó. Tras despedirse con un abrazo de sus amigos hasta dentro de cuatro meses, se encaminó hacia casa para pasar junto a los suyos las últimas horas en tierra.
Ayer, llegó al aeropuerto de Loiu sobre las once y media de la mañana con semblante serio y aparente tranquilidad. «Hay que trabajar y la pesca es nuestro modo de vida», recalcó. El marino gernikarra lamentó, sin embargo, la ausencia en esta ocasión de los cuatro compañeros vascos con los que vivió el cautiverio y con los que mantiene una amistad «especial». «Superamos juntos momentos muy duros y emotivos que no se pueden explicar con palabras».
Investigación
De hecho, Klemos aún mantiene muy fresca la terrible experiencia que vivieron cuando el pasado 20 de abril una fuerte explosión sobresaltó a los tripulantes del 'Playa de Bakio' mientras faenaban a 250 millas de la costa de Somalia. Eran las seis de la tarde de un domingo y se preparaban para cenar después de una jornada de buenas capturas.
Sin apenas tiempo para reaccionar, un grupo de piratas abordó el pesquero y se hizo con el mando. Dejaron claro desde el principio que sólo querían dinero, pero el trato que dispensaron a los marineros fue vejatorio. Mantuvieron encañonada a la tripulación -integrada por cinco vascos, ocho gallegos y trece africanos- durante todo el secuestro. Entretanto, la empresa propietaria del buque, Pevasa, comenzó una compleja negociación con los piratas, que reclamaban un millón de euros. Fuentes somalíes cifraron en 766.000 euros la cantidad abonada finalmente por la liberación, aunque este extremo se encuentra sin confirmar. Los arrantzales tuvieron que declarar hace unos días en Bilbao ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, que investiga el secuestro.
«Hasta la vuelta», se despide Gotzon Klemos.
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