Si el debate de los Presupuestos Generales del Estado para 2009 hubiera sido ayer y no dentro de tres meses y medio, como se prevé, es probable que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero hubiera sufrido una derrota casi histórica, y que se hubiera visto obligado a presentar otras cuentas públicas o prorrogar las del presente ejercicio. Y es que, si algo quedó claro tras el último pleno del Congreso antes del descanso estival, es que sólo el PSOE confía en la 'receta' oficial para salir de este frenazo económico. El resto de formaciones políticas censura al jefe del Ejecutivo por no reconocer la gravedad de la crisis y por no plantear medidas realistas para afrontarla.
Aunque el más claro en su distanciamiento con las posiciones del presidente fue el líder del PP, Mariano Rajoy, quien le urgió a «corregir este descalabro para salir cuanto antes de una crisis galopante», ningún portavoz de la oposición le dio su apoyo explícito, lo más una mano tendida para, «desde el consenso», implementar otro tipo de respuestas ante «tan preocupante problemática».
Todos los grupos parlamentarios coincidieron en reprochar a Zapatero que todavía no haya reconocido la difícil situación de la economía, lo que, a juicio de Rajoy, requiere «un poquito de humildad y el coraje suficiente». El líder del PP advirtió de que, en contra de la tesis del Gobierno, España está «en peores condiciones» que otros países para encarar la crisis.
En la misma línea, aunque de forma más suave, el representante de CiU, Josep Antoni Durán i Lleida, manifestó su «sensación» de que Rodríguez Zapatero «sigue instalado en un discurso electoral y poco creíble». En tono conciliador añadió que su partido apoyará a los socialistas siempre que «se reconozcan los errores y se apliquen medidas correctivas»
Transferencias a Euskadi
Por parte del PNV, el portavoz económico, Pedro Azpiazu, pidió a Zapatero que «aterrice» y le acusó de sucumbir al «mismo espejismo político de la grandeza nacional» en el que, en su opinión, cayó el anterior presidente, José María Aznar. También le exigió un acuerdo sobre la transferencia de competencias en inmigración, formación e I+D para «dar un nuevo impulso a la economía vasca». A su juicio, el actual modelo de Estado «nos frena para afrontar la crisis» y por eso los nacionalistas vascos «seguirán reclamando el cumplimiento del Estatuto». «Si el Gobierno avanza por el camino propuesto por el PNV, nos encontrará; pero, si al contrario, sucumbe a los cantos de sirena de la recentralización de las políticas, la confrontación estará servida», advirtió.
El portavoz de IU, Gaspar Llamazares, fue todavía más duro al amenazar con «movilizaciones» si el Gobierno «sigue negando» la crisis y tomando medidas «continuistas» y «en algunos casos antisociales».
Durante la sesión, Zapatero y Llamazares protagonizaron un pequeño altercado, cuando el presidente del Gobierno enfadó al coordinador general de IU al recordarle «lo que ha perdido» en la nueva legislatura, en referencia a los malos resultados cosechados por su formación en las elecciones del 9 de marzo. En su turno de réplica, el presidente aseguró que se trataba de una «broma» y pidió disculpas por ella.