Matilde Beitia escuchó la música del txistu desde su casa, se asomó al revuelo de la calle y bajó «a todo correr» con su marido, Ramón. Viven en El Carmelo y no querían perderse el aurresku de honor tras soportar más de dos años de obras -desde que empezó la construcción del parking- que han partido por la mitad el corazón de Santutxu. «Esto ha estado de pena, parecía un laberinto, con mucho riesgo de accidentes para la gente mayor. Y los ruidos empezaban a las siete y media de la mañana, no esperaban». Aun así, ella ha visto recompensada su «paciencia» con la nueva imagen de la zona, en la que sólo echa en falta «más bancos. Las obras son así. Para que las cosas queden bien, primero tienen que estar mal», se resigna.
Con la barra de pan bajo el brazo o las bolsas de la compra, decenas de vecinos rodearon a las autoridades municipales en la inauguración de la urbanización de El Carmelo, el final de una larga travesía que varias veces ha cambiado de rumbo. El Ayuntamiento quería hacerla peatonal, pero la voluntad de los vecinos -el 61% así lo manifestó en una encuesta- iba en sentido contrario. Finalmente, se mantienen dos carriles de circulación en sentido Santutxu-Txurdinaga. «Se ha hecho lo que el barrio ha querido», enfatizó el delegado del área de Aparcamientos y alcalde en funciones, Ibon Areso.
El tratamiento de la calzada es «de plataforma única», similar a la Gran Vía, por lo que será más fácil peatonalizarla en ocasiones especiales. Areso estimó en «seis meses» el retraso acumulado por el debate sobre el tránsito de vehículos y el desvío de servicios de electricidad y teléfono, que depende de las propias compañías. El concejal de Obras y Servicios, José Luis Sabas, pidió disculpas a los vecinos por las molestias que han soportado. «No hemos podido terminar antes», dijo.
Lo más difícil ha sido renovar «las tripas» de la calle antes de embellecerla con parterres, arbolado y baldosas que hacen figuras en blanco y gris. Las aceras se han ensanchado -ocupan entre 6 y 16 metros- y se ha construido una rotonda para ordenar el tráfico de Carmelo, Iturriaga, Santa Clara y Enrique Ibarreta. En total, las obras han costado 1,6 millones de euros. Los trabajos continúan en la calle Esteban Pernet y posteriormente comenzará la renovación integral de Remigio Gandasegi.
En El Carmelo, «la Gran Vía de Santutxu», como la definió Sabas, el Ayuntamiento ya estudia colocar más bancos a petición vecinal. Paquita Carrasco fue de las primeras en coger sitio. Acostumbrada a «hacer maniobras» para andar por su calle, quería disfrutar de la nueva estampa. «Ha quedado precioso, a ver si lo respetamos», comentaba. Ayer sólo echó de menos al alcalde.
En un barrio tan populoso como Santutxu hay opiniones para todos los gustos, algunas tan rotundas como el cartel con el lema 'Yo sobreviví a las obras del Carmelo' que exhibe el bar 'Los Condes'. Se siguen escuchando quejas -«la urbanización la han hecho a la carrera», criticaba Iñaki Terán, de la asociación vecinal Gazte Zaharra- y hay usuarios que echan de menos la parada del autobús 48, «el del hospital», que se ha trasladado a Santa Clara por acuerdo del Consejo de Distrito.