La parte «más difícil» del frenazo que sufre la economía española aún está por llegar, pese a la sucesión de datos negativos durante los últimos meses. Así lo advirtió ayer el vicepresidente del Gobierno, Pedro Solbes, quien situó ese momento más delicado entre finales del presente año y principios del próximo. El responsable del Ejecutivo admitió que el Producto Interior Bruto (PIB) crecerá al cierre del ejercicio «algo por debajo» del 2%, a pesar de que la previsión oficial se mantiene en el 2,3% y era inicialmente del 3,3%. Esa desaceleración -reconoció- se traducirá en un incremento sensible de la tasa de paro.
Con este panorama, que se resiste a calificar como crisis, José Luis Rodríguez Zapatero comparece hoy en el Congreso, forzado por todos los grupos de la oposición, para explicar las medidas adoptadas por el Ejecutivo y su diagnóstico de la situación. El notable empeoramiento de la economía, que ha echado por tierra todas las estimaciones del Gobierno, ha desgatado su imagen y le ha dejado solo en el Parlamento, hasta el extremo de que peligra la aprobación de los Presupuestos de 2009. En su presentación, la semana pasada, del informe económico que elaora La Moncloa, el mandatario socialista elevó la gravedad de la coyuntura actual al confesar las «serias» dificultades a las que se enfrenta España.
Solbes no sólo admitió que la economía se expandirá este año menos de un 2%. También asumió que el PIB aumentó en el segundo trimestre menos del 0,3% respecto al anterior registrado entre enero y marzo; y que los datos empeorarán. Aún así, el vicepresidente negó que se pudiera producir una eventual recesión, que técnicamente existe cuando se encadenan dos o más trimestres con avances negativos. Lo que sí vio «posible» fue una etapa de «estanflación» -estancamiento de la actividad combinada con una inflación fuerte- a corto o medio plazo, si bien consideró que sería de manera puntual y seguramente con poca incidencia. Los bancos centrales de la zona euro están trabajando para que eso no ocurra, subrayó. Además, insistió en que la «desaceleración económica», como definió la coyuntura actual, era «previsible» y «necesaria», al igual que la caída de la construcción; sobre todo, en el sector residencial.
Eso sí, apuntó entre líneas que la fortaleza y rapidez de ese recorte había sorprendido en parte al Gobierno, al producirse un recorte del negocio «mayor de lo deseado por la restricción del crédito», ya que bancos y cajas han cerrado en gran medida su 'grifo' ante los problemas de liquidez a nivel internacional. En cualquier caso, situó la recuperación para «finales de 2009» -hasta ahora hablaba de la segunda mitad- y, con más intensidad, ya en 2010, al igual que ocurriría con el PIB general.