Eva Llorca estaba «desesperada». Su hijo, Aitor, sufre dislexia. «Nadie daba un duro por él», confiesa. Pero lo dice en pasado. No en presente. Porque todo ha cambiado. «Ahora está aprobando», relata. El niño cursa sexto de Primera y ha dado un paso al frente gracias al apoyo de los profesores a domicilio de Acadomia. «Habíamos acudido incluso a psicólogos. Nos habíamos gastado mucho dinero y estamos teniendo una experiencia estupenda. Fantástica», reconoce la madre.
Conoció este sistema «por Internet». Su objetivo era que el docente, además de dar clases de refuerzo a su pequeño, realizase una «labor pedagógica» por las características de su hijo, de 12 años. «Primero tuvimos una chica, muy maja. Pero le ofrecieron trabajo. Ahora tenemos otra. Y es perfecta», apunta Eva. Una madre que ha sufrido mucho. «Llegábamos a casa a las nueve de la noche, después de pasar todo el día trabajando y cuando nos preguntaba una duda te sentías impotente. No sabías qué decirle. Es un descanso para nosotros», reflexiona. «Ahora lo pilla todo», dice entusiasmada.
Y lo hace en sesiones de una hora y media. «Es lo ideal. Aunque si los alumnos son más pequeños es mejor hacerlas de sesenta minutos», explica Ortueta, que ya mira hacia el periodo estival. Y entre sus clientes, casi con todas seguridad, estará Eva. «Ya le he preguntado a la profesora si puede continuar porque merece la pena», admite, al tiempo que añade que su hijo está «muy contento» con la evolución.
Y el mismo sentimiento expresa David Villaverde, uno de los profesores que integran la cartera de Acadomia. Él da clases en una academia de Deusto y «completa» sus horas libres con las sesiones a domicilio. Tiene cuatro alumnos -dos de Informática, uno de Bachillerato y otro al que le da clases de Ciencias- y está a «gusto» con este sistema, que le 'roba' siete horas y media a la semana. «Se atiende a los alumnos de una manera más individualizada. Estás encima de ellos. Es un trato cercano, como una tutoría y se avanza más que en una academia», reflexiona.
«Van aprobando»
De hecho, David asegura que todos sus 'chicos' «van aprobando». «Siento una especie de orgullo porque veo que mi esfuerzo tiene resultados», concede con una sonrisa. Y con el mismo tono confiesa que le gustaría seguir en este puesto. «Si mis condiciones no cambian, yo seguiría como estoy. Me va bien, se cobra más que con un alumno de academia. El único inconveniente son los desplazamientos», asume.