Google es una de esas compañías que encajan a la perfección en el sueño tecnológico de muchos jóvenes aspirantes a millonario. La empresa más valorada del planeta nació un 7 de septiembre de 1998 en el consabido garaje de Silicon Valley, California. Sus creadores eran Larry Page y Sergey Brin, dos mozalbetes recién licenciados en la Universidad de Stanford que tenían medio desarrollado un sistema informático para hacer búsquedas en Internet.
Ese sistema se denomina Pagerank y es el hoy archiconocido algoritmo de Google, una fórmula matemática que, como la de la Coca-Cola, se mantiene en riguroso secreto. Su funcionamiento se basa en los enlaces entre páginas web. El programa analiza cada enlace como un voto y ordena los resultados de cada búsqueda en función del número de votos. Evidentemente, nada es tan simple. Pagerank también valora el peso de cada página web a la hora de contabilizar sus votos. Ese cálculo y el equilibrio entre unas páginas y otras es el núcleo privado de google.com y la razón por la que es el buscador de Internet que mejor funciona del mundo. Su nombre viene de un concepto matemático llamado Googol, que equivale a un uno seguido de cien ceros, y su importancia es tal que muchos diccionarios ya han reconocido el palabro como verbo para designar las búsquedas en Internet.
'No seas malo'
Pero el éxito de una compañía no se puede basar sólamente en una buena idea o un concepto matemático. Google ha sido de las pocas empresas que sobrevivieron al estallido bursátil de las puntocom en 2004 y, a día de hoy, lo es todo en el mercado publicitario por Internet, donde dicen que mueve cada año 45.000 millones de dólares. Desde su asentamiento como buscador, la empresa de Page y Brin se ha dedicado a expandirse en Internet hasta límites que muchos consideran peligrosos. No sólo son los dueños de YouTube, sino que son también propietarios de herramientas que usan millones de internautas como Google earth, Google Maps, Blogger o GMail.
No deja de extrañar que el lema de una compañía con tanto éxito sea 'No seas malo' (Don't be evil). Google es conocida por sus extravagantes y hoy copiadas políticas de personal. En sus oficinas de Mountain View no hay normas de vestir, cada empleado tiene acceso a videojuegos, gimnasio o comida y bebida gratis. A cambio, una de las obligaciones es dedicar el 20% de su jornada (algo más de hora y media en una jornada de ocho horas) a imaginar nuevos proyectos. Cuentan que Google Earth nació de una propuesta: «que la gente pueda ver su casa desde el aire». Las ideas que gustan se ponen en marcha e, invariablemente, acaban siendo usadas por medio mundo. Tanto que muchos ya lo apuntan como el sistema operativo que usaremos en el futuro.
Pese a su expansionismo, Google defiende siempre la neutralidad en Internet y su fama es poco menos que intachable. No escribe, ni produce contenidos propios, pero su existencia permite comunicarse y acceder a información a millones de personas. Sólo por eso, se merecen el Príncipe de Asturias.