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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Política

ATAQUE TERRORISTA CONTRA EL PERIÓDICO
ETA quería acallar a EL CORREO con una bomba de cinco kilos
09.06.08 - 11:50 -

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DESTROZOS. El artefacto provocó serios daños en las instalaciones de este periódico, en Zamudio/ Luis Calabor
ETA quiso en la madrugada del domingo acallar la voz de EL CORREO. La bomba con cinco kilos de amonal colocada en la rotativa donde se imprime este diario en la localidad vizcaína de Zamudio tenía un único objetivo: dejar a oscuras a decenas de miles de vascos. Los mismos que compran este diario, el de mayor difusión en Euskadi. La banda no tuvo éxito. La voz se escuchó. Como siempre. Como cada día. [Editorial]
Los terroristas buscaron la mayor repercusión posible. Eligieron la madrugada del domingo, el día de mayor tirada para cualquier periódico, y una hora significativa, las tres de la mañana. Era el momento de mayor tránsito en las instalaciones de este diario en el polígono industrial Torrelarragoiti, situado junto a la vieja carretera nacional que une Zamudio y Lezama, justo en la entrada principal al parque tecnológico. Decenas de vehículos de reparto acudían a esa hora a la rotativa -al cabo de toda la noche acceden a su interior cerca de un centenar de furgonetas- para comenzar la jornada, recoger miles de ejemplares y distribuirlos por los quioscos de todo el País Vasco.
Los miembros de ETA aprovecharon esa ida y venida de automóviles para adentrarse en la zona industrial y detenerse en una de las calles del polígono cercanas a las instalaciones de EL CORREO. Según las primeras hipótesis que maneja la Ertzaintza, los etarras estacionaron su coche en una de las calles laterales.
Con una pequeña mochila a la espalda, uno de ellos saltó una primera valla para cruzar entre dos pabellones -uno lleno de palés de madera-. Luego, recorrió alrededor de cien metros y volvió a escalar una segunda verja metálica para adentrarse en la parte trasera de la rotativa. Tras caminar veinte metros más, dejó la bomba en una esquina, entre dos paredes. Con celeridad. [Vídeo] [Imágenes]
Antes de huir activó el temporizador que haría explosionar el artefacto apenas unos minutos después, dándole tiempo suficiente para recorrer el camino a la inversa y emprender la huida. El polígono industrial tiene una conexión directa con el corredor del Txorierri, una de las principales vías de circunvalación del Gran Bilbao y que favorece una veloz salida hacia San Sebastián, por la autopista A-8, hacia Vitoria y hacia Cantabria.
Los investigadores de la Policía autónoma han comenzado a revisar las cintas de las cámaras de videovigilancia que rodean las instalaciones de este periódico y las de las empresas situadas en las inmediaciones. Tratan de averiguar la identidad de los autores materiales del atentado, si emplearon uno o dos coches y el rumbo que tomaron al escapar. También intentarán obtener pistas del servicio de seguridad privado que cubre todo el polígono y que suele realizar rondas por las calles interiores. Mientras tanto, durante toda la mañana de ayer tomaron muestras y buscaron huellas del rastro dejado por los terroristas.
Las primeras sospechas policiales apuntan a que se trataría de miembros 'legales' -no fichados- de ETA, que estarían bajo la tutela de los responsables del 'comando Vizcaya' Jurdan Martitegi y Arkaitz Goikoetxea. El 'talde' utilizó ayer el mismo 'modus operandi' de algunas de sus acciones más salvajes en el último año. Como en los ataques a los cuarteles de la Guardia Civil en Legutiano, Calahorra y Durango, la banda no realizó ningún aviso previo, en un intento de causar el mayor daño posible. Como en esas tres ocasiones, el grupo se desplazó con rapidez, colocó el artefacto explosivo y huyó mientras la bomba detonaba.
«Terrible» estruendo
La deflagración se oyó a varios kilómetros a la redonda. Eran las 3.05 horas de la madrugada. El «terrible» estruendo despertó a decenas de vecinos de Zamudio, entre ellos a la alcaldesa de la localidad, Sorkunde Aiarza, que vive en una casa cercana y fue una de las primeras en llegar a la empresa. La explosión paralizó la actividad en las instalaciones del periódico, las únicas en marcha a esas horas en todo el polígono. [Imágenes]
La bomba causó un enorme boquete de 40 metros cuadrados y arrancó un muro de hormigón, además de desvencijar varias puertas metálicas. La onda expansiva lanzó los cascotes a más de treinta metros a la redonda, golpeando y agujereando las paredes de los pabellones cercanos. Las esquirlas también cruzaron de lado a lado el interior del centro de impresión del periódico, atravesando algunos postes metálicos y rompiendo lámparas fluorescentes y parte de la instalación eléctrica. Los cascotes golpearon un gran depósito de aire comprimido que quedó inutilizado, aunque sin causar daños personales. Los restos de piedra y grandes trozos de chapa metálica retorcidos permanecían ayer aún en el exterior del edificio, como vivo retrato de la barbarie. [Vídeo de los destrozos]
ETA quería acallar a EL CORREO con una bomba de cinco kilos
50 empleados trabajaban en las instalaciones en el momento del atentado. / Luis Calabor
Columna de humo y polvo
Cinco trabajadores realizaban sus tareas en la zona más cercana a la que sufrió la explosión, ajenos al artefacto que los terroristas acababan de depositar fuera. Ninguno resultó herido. «Por fortuna», repetían ayer varios empleados. Junto a su puesto de trabajo llamaba la atención una imagen: la de un pequeño lavabo reventado al otro lado de la pared que recibió el mayor impacto de la bomba. Los operarios lo utilizan a diario para limpiarse las manchas que la tinta deja en sus manos.
Cegados por una enorme columna de humo y polvo y con un corte en el suministro eléctrico, todos ellos abandonaron la nave por su propio pie y se dirigieron hacia la puerta de la rotativa, en el otro extremo del inmueble. Allí les esperaba el resto del medio centenar de trabajadores que se encontraba en la planta. Apenas tardaron unos minutos.
Fuera permanecieron durante dos horas, mientras la Ertzaintza acordonaba la zona afectada de forma directa por el artefacto. Los agentes buscaron en un primer momento una segunda bomba, ante el temor de que los etarras hubieran colocado una trampa contra la Policía autónoma. El cordón de seguridad no se levantó hasta pasadas las cinco de la madrugada. La historia, a partir de entonces, es bien conocida. Como cualquier otro día los empleados volvieron al tajo para acabar la tarea y completar la tirada. Con notables cambios. Por primera vez en muchos años el titular principal tenía a EL CORREO como protagonista. El periódico llegó con cierto retraso a los quioscos. Pero llegó. Se escuchó la voz. Como cada día. Como siempre.
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